En relación a la renuncia de Rodrigo Rojas Vade

Sin lugar a dudas, la verdad sobre el estado de salud del Pelao Vade nos dejó a todxs perplejos, las reacciones no se hicieron esperar y vinieron de todos los sectores, tanto de sectores del pueblo como de elite política. Dónde no deja de llamar el significativo peso moral otorgado por los monopolios comunicacionales, a quienes  les llegó como anillo al dedo la noticia para seguir acribillando al proceso constituyente, como lo han venido haciendo durante todos estos meses.

El Pelao Vade la cagó, sí, mintió a todo Chile también, pero lo que debemos tener claro es que la mentira y el engaño de Rojas Vade deberían ser una oportunidad para juzgar de la misma manera a los violadores de derechos humanos que siguen ocultando la verdad de sus crímenes, aún impunes, aún libres. Juzgar de la misma manera sobre la verdad de los casos de corrupción no investigados, los responsables siguen libres y sin siquiera ser juzgados. También debiésemos preguntarnos si existe alguna investigación sobre las platas de la teletón y el verdadero destino de estás, sobre todo de aquellos fondos recaudados durante la pandemia, solo entre algunos ejemplos.

Si bien la enfermedad de Rojas Vade no era cáncer, sino sífilis, lo que sí es real es que el sistema de salud en Chile no logra responder de la misma manera a las necesidades de toda la población, es violento y criminal. Por lo tanto, la demanda por una salud digna, gratuita y universal para todas y todos quienes padecen algún tipo de enfermedad, independiente de esta, sigue siendo una demanda justa.

La presente opinión no busca ser una defensa de la mentira, solo busca cuestionar el peso moral de una mentira u otra para que juzgar sea un verdadero acto de justicia y no solo una carga moral para quienes sostienen este sistema injusto.