Sobre la campaña de desprestigio a la Convención Constituyente: les pica, gritan desesperados/as, porque no saben a dónde rascar.

Por Jorge, equipo LTB.

Desde la instalación de la Convención Constituyente esta ha sido blanco de críticas que, en su mayoría, apuntan a desprestigiar esta instancia desde los sectores restauradores, los mismos que hacen todos los esfuerzos por oxigenar los espacios formales e institucionales, es decir, las podridas instituciones de poder que han administrado la desigualdad, la corrupción y el beneficio económico de la elite durante tanto tiempo en el país.

El fracaso de los sectores clásicos de derecha el 16 de mayo es el antecedente inmediato de esta actitud que seguramente recorrerá todo el período. Los mismos sectores que se la jugaron por el rechazo se vieron obligados a participar de esta instancia apostando por conseguir el tercio necesario para bloquear cualquier intento de democratización del país vía convención constituyente.

El fracaso de estas pretensiones los obligaría a refugiarse en la táctica del desprestigio comunicacional. Así lo confiesa el mismo día de la inauguración de la Convención una de los símbolos de la impotencia derechista: Marcela Cubillos, indicando en una entrevista a Canal 13: ““somos un grupo importante, y si no los somos en términos de votos, vamos a buscar otra manera

Una de los flancos a donde se quiere disparar a la convención es la instalación de la idea de que esta instancia es un derroche de recursos y lo innecesario de tales gastos. Uno de los ataques más groseros es el que se hace a través de los conocidos Fake News, uno de ellos indicaba que “los constituyentes se habían subido el sueldo”. Si bien es cierto, el presupuesto de convención subió de $6.700 millones a $8.370 millones, esto se refiere a gastos operacionales y no a las remuneraciones de los/as constituyentes. Otra confusión es la que se produce en relación a las asignaciones.

La derecha no está de acuerdo con el monto de las asignaciones, en particular porque se había hablado de que ascenderían a $1,5 millones al mes y consideran que el incremento a un máximo de $3,9 millones es injustificado, por lo que es posible que sigan insistiendo públicamente en este punto. (CIPER). Hay que dejar en claro también que las asignaciones tampoco se refieren al sueldo de un/a constituyente, sino a los gastos extras en que estos/as incurren, los que se refieren a asesorías, viáticos, etc. El cual está muy por debajo tanto de los sueldos brutos como a las asignaciones para diputados y senadores, los cuales perciben 7 millones de sueldo y pueden llegar a percibir el doble por sus asignaciones.   

Para dejarlo en claro, el sueldo de constituyentes es de 2 millones 500 mil pesos mensuales y este monto ya fue fijado por la ley de presupuesto. Y si bien, esta cifra es alta si se compara con el sueldo mínimo o las pensiones de hambre de cualquier chileno/a promedio, distan bastante de las especulaciones y tergiversaciones en que ha incurrido la prensa proempresarial.  

Otro dardo apunta al supuesto “poco o nulo avance de la tarea encomendada a los y las constituyentes”. Sin embargo, esta crítica surge al concluir el primer mes de la convención, tiempo destinado a fijar un reglamento interno para poder proceder y fue justamente a esto a lo que se destinó el trabajo, el cual ciertamente se retrasó y se dio en medio de improvisaciones, no de la constituyente misma, sino que del gobierno, levantando sospechas en torno a boicot por parte de la administración de Piñera.

Otra crítica interesada es el rosario que se repite una y otra vez apelando a la delimitación del alcance de la constituyente. Se  dice  que la constituyente tiene una única tarea que es la redacción de una nueva constitución, desconociendo que el clamor popular que alentó la revuelta no sólo desbordaba este tarea mediante la demanda de una verdadera Asamblea Constituyente, pero también -y sobre todo-, destruir el orden establecido desde sus pilares, en donde, por ejemplo, el pronunciamiento acerca de la libertad de lxs presxs politicxs aparece como un eco necesario desde esta instancia para reflejar esta voluntad popular.    

Por último, la victimización de las posiciones antidemocráticas es el arma más cínica de parte de los/as portavoces del statu quo, quienes en sus discursos hacen aparecer como intentos totalitarios todas las acciones que tienden a rectificar la justicia desde la convención. Intelectuales como Critián Warken o Carlos Peña, hace tiempo que vienen indicando que la revuelta habría sido una suerte de irrupción de la irracionalidad en el orden republicano, con lo cual desprestigian desde su inicio el proceso abierto desde octubre del 2019 en adelante. Con esto, pretenden que la convención sea una especie de recomposición de las libertades republicanas, donde todas las opiniones tienen la misma validez y mediante el consenso, es decir, el empate de posiciones, quede todo tal como está, para seguir validando el orden existente. Es quizás por esto que el otrora conductor de la Belleza de pensar se horroriza cuando, por ejemplo, se veta al almirante Arancibia para que participe en la comisión de DDHH en la convención, sin indicar que este nefasto personaje está ahí producto de los reductos electorales “burbujas”, los mismos que siguen alentando la participación de los sectores negacionistas y abiertos colaboradores con la dictadura de Pinochet.      

Pese a las críticas la convención ha mostrado ser mucho más democrática que las podridas instituciones del Estado. Ha hecho participar a las comunidades, posee una representación que reconoce el carácter multinacional y popular, y lo más importante de todo, por voluntad popular no se sobrerepresenta a los sectores de la elite y a los dueños del país, es verdad que no se trata de una Asamblea Constituyente y que es la continuación del pacto conciliador del 15 de noviembre del 2019, sin embargo, no podemos desconocer que el mapudungún de la machi Francisca Linconao los exaspera, que la demanda por la libertad de lxs presxs, los desconcierta y que se ven cada vez más arrinconados, es por esto que les pica tanto, y el griterío permanente por las redes y los medios monopólicos son sólo un síntoma de que en realidad no saben donde rascar.