“Aniquilar el poder simbólico de este modelo como itinerario”

Entrevista realizada por Carlos

Lautaro Quiroga nace en San Felipe. Se denomina estudiante de filosofía, carrera que estudio en Santiago. Actualmente vive junto a su familia en Concepción. Melómano en justa medida, federalista y pedagogo.

¿Cuáles son las bases del pensamiento occidental y cómo este pensamiento se desvirtúa con la llegada del capitalismo?

Me parece que para decidir las bases del pensamiento occidental sería necesario determinar el lugar y naturaleza de ese pensamiento en el arte, la literatura, la ciencia y el modo en que las estructuras de poder dinamizan ese devenir histórico. Además, supone una cierta unidad desde la que acontece la mega ruptura que es el capitalismo como el inicio de un régimen implacable que termina horadando exhaustivamente las formas de lo vivo. Entonces pareciera que las bases de ese “pensamiento” son en verdad proposiciones de un horizonte posible para la humanidad y a la manera de grandes pilares constituyen la necesaria imaginación de un destino distinto al que arribamos a diario e incesantemente. En este sentido, el germen de esa especie de “caída” de Occidente puede trazarse en la propia manera en que la humanidad se vincula entre sí y, en particular, el modo en como administra el deseo, el desenfreno o los anhelos de paz.

¿Por qué la lógica de las ideas burguesas permean tan bien en la clase trabajadora?

Las ideas burguesas son dispositivos que administran una imaginación raptada por el mito de la no-completitud. El neoliberalismo explota mediante los mass media toda la propaganda de todas las combinaciones posibles de lo vivo dando como resultado una comodidad, perfilada como horizonte máximo de la vida.

La sociedad de consumo - El mundo actual, historia 4to.

El neoliberalismo necesita rechazar la vida para luego venderla de vuelta, al cuerpo y la conciencia; esto lo hace azotando simbólicamente nuestra mirada para hacernos sentir siempre incompletos. No es sólo la idea, es también un mecanismo que explota la estructura psíquica que origina el deseo, para colonizar todo nuestro ser.  La clase trabajadora no es otra cosa que humanidad sometida al encanto de esta promesa, engrillada por ese mito (que se organiza como una violencia transgeneracional) y brutalizada por el rigor de la precariedad. No es por completo víctima de este ensamble pues se apropia y lo persigue o lo disfruta hasta que comprende que esa rutina constituye una forma multicolor de morir. Expurgar este demonio supone bordear el acantilado de la personalidad, extraviarse, hundirse en el misterio sin paracaídas, con el riesgo de no retornar a las definiciones conocidas o la imposibilidad radical de volver a vivir según el régimen de confort.

¿Cómo se puede desarrollar el pensamiento crítico en los trabajadores y jóvenes marginados para buscar una conciencia desprejuiciada que devele de forma propia las estructuras detrás de las pantallas ideológicas de la casta política?

Todo cambio supone una definición de los propósitos de la educación como Bildung hacia un horizonte cultural. En ese sentido hay una responsabilidad de la Universidad como institución para llevar a efecto el principio kantiano de consagrar la tarea colectiva de la mayoría de edad con las personas en cualquier territorio. Me refiero a transformar el diseño de la educación a partir de la idea más que sus fines. Esto supone equilibrar dos direcciones de trabajo; una que proteja y refuerce el máximo despliegue cognitivo posible de los académicos y otra dirección que observe las necesidades primordiales de la sociedad, de modo que actúe en colaborar con ese proceso como momento de emancipación. Por ahora, vemos maneras en que una lógica mundial de producción del conocimiento homogeneiza el quehacer académico. Esa absorción, aunque técnica o susceptible de resultados prácticos inmediatos, carece de una verdadera Idea de Universidad ajustada a la fisonomía social de Chile. Retomar un Proyecto de Reforma Universitaria entendido como la conquista de un horizonte colectivo de nación y no la formación de capital humano individual, no sólo convoca a establecer cómo se mixturan las lógicas económicas que sostienen la Universidad sino también al desarrollo de una real vinculación con el medio: coparticipar con los territorios en su propio devenir; algo así, universalizar la universidad fuera de ella y sin la presencia de sus pretensiones actuales. Por supuesto, eso supone desmontar el esquema de mercado que la sostiene. Pero es la idea de Universidad aquello que convoca la transacción de los saberes: única condición posible para comenzar a abordar la educación como un medio en que las personas se convoquen al proceso de saber para resolver sus problemas.

Hoy nuestro delirio neoliberal conduce a que los profesionales abandonan sus orígenes cuando se desplazan socio-económicamente; hay que permitirse pensar en volver a la población como profesional: el ímpetu que da forma a esa vocación está adentro de los profesionales y no es una responsabilidad del Estado completamente. Por supuesto, la Universidad podría volver a mirarse a sí misma si esa experiencia se transforma en una estructura de diálogo con la propia cultura. Al menos la figura  susceptible de ser apelada es la misma historia  de la educación popular como ámbito efectivo para la conquista de ese propósito.

¿Por qué la filosofía tiende a ser borrada de la historia y cómo esto le serviría a la derecha fascista?

Un espíritu de indagación real o camino de pensar puede engrillar la dimensión práctica u operática de la vida: un sujeto así puede extraviarse de forma crónica; aniquilar su lenguaje y muchas veces no hallar los reflejos de una nueva belleza como horizonte posible para sí. Por otro lado, el filosofar en las figuras más dedicadas de la historia de la filosofía da cuenta de finales muy disímiles. Si sólo se piensa que la filosofía supone hallarse en la existencia en la suspensión de ésta misma para alzarse sobre la totalidad de lo real, podemos intuir que esa vuelta a sí mismo, en su autenticidad sería una manera hiperviva de acontecer: como retornar incesantemente a un misterio deslumbrante y que resaltaría las fisuras de toda ficción manufacturada por las personas. Pero aquí aún muchos devienen en la miseria de los malabares de los conceptos y una fidelidad con la conquista de la verdad que rapta a menesteres reñidos con el bien común. Una especie de fascinación recalcitrante por el zoom pixelado de ese exclusivo momento orgánico del que piensa es el germen de la propia miseria de los ahora llamados “intelectuales”.

Por otro lado, en cuanto a la elaboración de esa orgánica de la subjetividad, habría que recordar que el fascismo guarda una comunión mítica con el marxismo y no sólo por la naturaleza de su devenir histórico respectivo, sino por la idea de destino como mito o ficción  para la dinamización del despliegue de lo político en todas sus formas. El fascismo entonces necesita sublimar el sujeto como hombre-máquina para un proyecto nacional; esa militancia se amenaza en el insondable viaje por el misterio. En Chile, la clase política alineada a la derecha no es fascista pues no hay una idea de destino trascendental arraigada allí. Al contrario es una oligarquía kakistócrata, pues ha mostrado capacidad inacabable para mezclar y maximizar lo anti-valórico en el afán de resguardar la matriz económica que los separa de nosotros: los trabajadores. Es en esa línea, que tampoco creo que se tomen la molestia de odiar la filosofía o el arte como modos de subjetividad, sino que sobre todo evidencia ser la sinopsis continua de la insensibilidad y desprecio por la vida natural y social de las clases que no ingresan a la matriz de endogamia que históricamente ha delimitado su acontecer. En el seno de esa estirpe algo los arroja al mundo de lo despiadado con lo Otro distinto de su propia clase vivida como casta.

¿Por qué es tan centralista la administración y demografía chilena?

No lo sé, es posible que tras una historia fallida de descentralizar haya un ethos nacional  en que la arqueología del poder desde la aristocracia castellano-vasca hasta la kakistocracia actual sea un puñado de familias ciegas, torpes privadas de la posibilidad estética de alcanzar lo bello y lo sublime. Por cierto, podríamos citar a quienes desde ese origen han ingresado a la patria de la literatura. Me gusta pensar a la manera de un mito que las y los poetas, cantoras y todo el ímpetu popular nacional ha tomado el pulso de la vida en todos los rincones alejándose del ahora convertido en desierto-industria que es la capital.

¿Cuál es el desarrollo de tu impresión sobre Santiago en tu vida y cómo esta impresión ha cambiado con el tiempo?

Santiago me parece una ciudad donde las contradicciones están aumentadas ad nauseam; si no se ha nacido allí cuesta sustraerse de templar en el adentro de la cuchara esa hegemonía al menos como afuerino. Mis impresiones como estudiante quedan en los recuerdos del campus Juan Gómez Millas; los lazos que ahí surgieron. Tal vez Santiago sea aquel medio del que habla Violeta “[…] En medio hay un abismo sin música ni luz”. Por otro lado, Santiago ha visto nacer muchas figuras-ariete de lo que me parece un ímpetu notable pero: ¿Pertenecen realmente a esos lares/ciudades/imágenes?

¿Cuál es tu opinión sobre las causas del estallido de octubre del 2019 y los meses que le siguieron?

Estallido Social en Chile | Socialismo, Arte de protesta, Chile

Parafraseando a Paulo Freire La Rebelión Popular del Octubre no es, está siendo. La esencia de esta desobediencia civil, en todos sus grados, responde a una autoconciencia hiperviva convertida en un ímpetu de defender la propia vida frente a la intuición que la sofocación de una estructura de precarización radical de la existencia supone un nihilismo insostenible. La rebelión popular acontece como un devenir histórico o como un ímpetu que nace de toda la violencia transgeneracional que ha sido parte de la fundación y de la fisonomía social de nuestro destino. Esa fractura debe ser revivida como un acontecimiento personal conducente a aniquilar el poder simbólico de este modelo como itinerario del sentido de lo cotidiano.

Los meses posteriores al deslumbramiento popular, posicionaron un relato respecto asociado a un transparentar las clases sociales para hallar allí que la ficción que organiza los matices y regulaciones simbólicas de la vida, aunque pueda ser un parasito de adaptación para los neoobreros, guarda el germen de una amargura anodina. Hoy el pueblo se une y conforma a sí mismo a partir de la frustración de un enemigo identificado: la oligarquía kakistócrata.

El ímpetu de la rebelión no ha desaparecido, yace cándido en la esperanza irrestricta adentro de las ollas comunes, en las coordinadoras por el medioambiente. No existen pequeños grupos de resistencia: existe un pueblo que volverá a despertar con ese ímpetu de la militancia. Este es el mejor momento orgánico para esos grupos.

¿Cuáles serían las ideas políticas necesarias para enfrentar este año 2021 súper eleccionario y constitucional, además de una pandemia sanitaria y politizada?

La pandemia sanitaria en Latinoamérica ha aumentado el régimen necro político de la oligarquía chilena. El proceso eleccionario es, sobre todo, la interrupción del devenir caótico pero deslumbrante que caracterizó las primeras semanas de la rebelión y que bien nos pudo arrojar a un derrotero amargo y combatiente. La transmutación de valores y visiones acontecida en la interrupción de lo cotidiano, emplazó un conflicto en la conciencia popular que estuvo referida a comenzar a intuir que la complicidad con todas las ficciones del consumismo y la propuesta burguesa de la vida, es un elemento más de la cadena de problemas conectados con el régimen tecnocrático de precarización de la vida. Además, la violencia callejera expuso a la oligarquía kakistócrata y sus asesores como el adversario del proceso. En una operación muy propia del realismo político, es esta clase política la que traza una estrategia de auto salvación con la finalidad de hacer retroceder al país a la administración de los dispositivos necróticos (FFAA y COP). El proceso eleccionario no es un pacto social legítimo cuando existen sujetos políticos que se involucraron en dicha rebelión y se encuentran mutilados, encarcelados o violados. El proceso eleccionario no entrega pautas a la tarea de devolver un horizonte de comunidad con fundamento de la organización de la vida. Es un proceso que sobre avanza en la elucidación en la verdadera conquista que hay en juego en este proceso.

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¿Cuál es el papel de China y Rusia desde un plano multipolar global para enfrentar el centralismo europeo y la prominencia estadounidense?

El conflicto geopolítico de las potencias es simbólico, porque la matriz financiera que hace colapsar la vida contra sí misma también lo es. El funcionamiento financiero internacional ha sido capaz de posicionarse como una fuerza devoradora de la vida. En esa lógica, los esfuerzos de conquista de lo global son sobre todo económicos, al margen de las organizaciones políticas de dichas potencias, lo político no es un impedimento para que todas ellas permanezcan en la praxis de la legitimación de un sistema de precarización de la vida como base de su crecimiento. El efecto de este delirio de poder es y será la aceleración de todos los funcionamientos referidos a explotar lo vivo.

¿Cómo podrían dialogar el anarquismo y las corrientes marxistas en la praxis de una refundación del tejido social?

Un diálogo de semejante proporción tiene sentido cuando es estratégico con respecto a combatir al enemigo común. Para refundar un tejido social habría que pensar en reencantar a las personas con la idea de la militancia. Creo que esta fantasía puede transformarse en un paraíso perdido; hacer ingresar a las personas a algo que aun no es, con gente que aun no está, en un lugar que aun no existe. En  muchos sectores populares ya se vive mucha  pre-militancia simbólica y real; lo vecinal, lo barrial se convierte en vida común; en cooperación. Los movimientos contrahegemónicos sólo podrán legitimarse desde allí; desde los clubes de futbol, las ollas comunes, la coordinación de lo común. Esa es la frontera que debe ser cruzada para dinamizar luego discusiones sobre los fines u horizontes estratégicos. Creo que los partidos políticos no deben ir a meterse a la feria a refundar lo social; esa visión muestra un error respecto a cómo hacer germinar una Bildung político-educativa a partir de ese momento del devenir social. Por lo tanto, la primera tarea y la más urgente es convertir ese objetivo en fin y no en un medio para una revolución macroscópica.

¿Qué propuestas e ideas se deben trabajar en la nueva constitución desde el tema de derecho a la educación?

El problema de la educación fue elucidado por el movimiento estudiantil: es el lucro. El garantizar que la educación sea un derecho no sólo es un requisito para toda la institucionalidad y sus lógicas de funcionamiento económico, sino también respecto a socavar la instrumentalización de la educación primaria y secundaria como medio. La formación universitaria organiza muchos de los funcionamientos institucionales, con los cuales las familias entablan complicidad de objetivos, dado que es esta formación es una condición para mejores oportunidades laborales. Sin embargo, esto supone legitimar un modelo de formación universitaria cuya heterogeneidad puede involucrar precarización. La lógica de mercado en la educación produce cesantes, estudiantes que desertan, etc. En ella radica un profundo error del que también una parte del imaginario cultural se ha hecho cómplice. La devaluación de la educación pública frente a la educación subvencionada y particular es el símbolo de una clausura del espacio para lo común sin distinción socio-económica y legitimar esa clase de diferencias supone validar estructuras de inequidad.

¿Cómo se puede resistir desde la educación formal el bombardeo mediático publicitario?

La educación formal puede ser un medio de resistencia cuando se politiza su labor. La docencia debe estar politizada en el más alto sentido, es decir, asumir no sólo el compromiso ético de lo involucrado en aquello que se habla en una clase, sino también en el hecho claro que el microcosmos del aula debe emanciparse al máximo en función de una coherencia entre lo que se pide enseñar, lo que se quiere enseñar y lo que quien escucha puede escuchar. La presencia de la filosofía en la escuela debe ser ese espacio, pero no se puede obligar a la juventud a este ejercicio y debemos persistir en la cariñosa invitación a hacerlo. Sin embargo, cuando una educación formal fomenta un rol docente emancipador, se instalan y diseñan prácticas de aprendizaje que resaltan lo crítico, permiten hacer preguntas acerca de la propia esencia de las disciplinas y su relación con otras, se está poniendo en evidencia una profundidad que puede desplazar la conversación del aprendizaje en una escuela en otro nivel. Por supuesto, es central asumir la tarea de devaluar la estandarización de las evaluaciones pero con la claridad de que la existencia de una “calidad educativa” es un horizonte ineludible: los equipos directivos son centrales cuando saben  leer e interpretar la política educativa en función de su contexto. El problema es cuando se hipertrofian o atrofian los ejes motrices que son las dimensiones del liderazgo educativo; el resultado es que o los estudiantes no crecen lo esperado o crecen como especies de trabajadores sin salario; con altas exigencias y sin la brújula del horizonte emocional presente allí.

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Toda la educación emocional que se pueda emprender en la escuela hará un diagnóstico de esas dos posibilidades. Estas reflexiones deberían ser centrales en los centros educativos y se las suprime completamente en función de revisar información sobre el funcionamiento. Es necesario ralentizar la escuela en estos aspectos a fin de llevarla a la conquista de esa reflexión indispensable como un saber que será negociable con las múltiples exigencias que se cree tiene la escuela. Aquí emerge con fuerza la idea que la heterogeneidad de la labor docente se convoca a la tarea común de reivindicación de sus condiciones laborales: muchos sindicatos aportan favorablemente a esta labor. Pero es  también central que el motivo de conquista sea también exigir repensar el impacto de la estandarización para un panorama de inequidad cuyo fruto de inequidad aun no nos ha convocado a un alzamiento general y sostenido contra la erradicación del lucro.

¿Cuál es la base de la violencia familiar y social que aqueja a las clases populares y cómo esto afectaría a la educación?

La base de la violencia familiar no sólo germina porque existe una gran máquina (trabajo, transporte, salud, educación) que crea inequidad y que brutaliza al ser humano precarizando su vida. La violencia familiar es transversal a otras clases sociales. El feminismo ha elaborado un itinerario claro acerca de cómo expurgar ese demonio interpelando a toda institucionalidad y las subjetividades. La vulnerabilidad económica es un elemento para abordar que es fundamental. En el plano de las causas creo que sólo la educación puede emprender ese fin: de adultos, popular, de protección de la infancia, etc. En su dimensión práctica, tratar de emancipar la niñez de esa proyección que no es un horizonte posible de sentido, es una tarea ardua. Eso refuerza la necesidad de coordinar una estructura de diálogo de la Universidad con la vida social; siendo magnitudes de procesos orientados a objetivos diferentes, guardan en común el que los saberes no son transados, intercambiados como un ámbito de praxis directo que defina una relación orgánica entre ellos. En el fondo si hay violencia, hay opresión y la resolución es una tarea de la cultura en su conjunto; sobre en transparentar la posibilidad de prevenirla, tratarla y reparar a las víctimas. Es posible que mujeres de distinto origen socio-económico estén en situación de opresión económica. Entonces hay un trabajo de redes de apoyo, de institucionalidad suena deseable; en lo inmediato la ausencia de ese nivel de oportunidad arroja la tarea a la organización social; instancias que ya existen y cuya masificación resulta crucial y estratégica en la conquista hacia un panorama de derechos para las mujeres. Es necesario también pensar culturalmente el lugar de los sujetos que ejercen violencia. En esa  tarea también hay una convocatoria transversal.

¿Se podría hablar de neopatriarcado al pensar que las luchas feministas son absorbidas por el capitalismo colonialista?

No es fácil referir la cuestión de la lucha feministas por la frontera que se invita a respetar desde algunos sectores del movimiento en relación a no extender la invitación a determinadas masculinidades vocerías discursivas sobre la naturaleza y devenir del feminismo en su acontecimiento. No es fácil porque aquí se trata de aplicar un lenguaje nuevo a la definición de las relaciones entre las subjetividades; y esa tarea en su despliegue cultural es un proceso múltiple y paulatino. Es también poner en ejercicio una escucha a lo que ese movimiento es e interpela. Desde el otro lado, el capitalismo colonialista supone una captura de la subjetividad y dado que el patriarcado en todas sus formas conecta con las lógicas de dominación que el capitalismo maximiza,  es fundamental convocar a la tarea humana de definir un horizonte de la subjetividad libre de esa opresión. En ese camino, creo que pensar que el capitalismo colonialista pueda absorber dichas luchas es excesivo e intuyo que es falso. Porque toda lucha; la lucha de todas las subjetividades autoidentificadas como oprimidas se articulan por la claridad de una colectividad que se transforma en un fin en sí mismo; porque es la fuente del despliegue mismo de esa lucha devenida militancia. Ese proceso no puede darse con la atomización radical del capitalismo colonialista; justamente lo que vemos respecto al feminismo es el movimiento inverso a esa atomización radical de la subjetividad.  

¿Por qué las instituciones universitarias están al servicio del capitalismo?

El capitalismo salvaje tiene potencial ilimitado para transformar todo en negocio con su tibio hálito religioso. Esa ficción hostigante acontece con el ariete sepulcral de la propaganda mediática. Toda esa seducción sociópata es la que irrumpe al espectador-familia porque incluye la promesa del éxodo de la pobreza. Entonces, un sistema educativo, por ejemplo, particular-subvencionado o particular legitima su naturaleza de instrumento para ese fin. Las personas comulgan con la jerarquía del trabajo asalariado lo que reifica al modelo; el modelo se hace real mediante la consagración de una esfera práctica resultante de una maqueta diseñada con bastante precisión. La cuestión no es sólo desmontar el lucro en la Universidad, es la caída en picada respecto a nuestro ars vivendi neoliberal puede haber sido absorbido por esa ficción que explota una idea de formación individual (bildung) que en su sofisticación puede ser inspiradora pero resuelve su real acontecimiento en el ordenamiento tecnocrático de la vida. Entonces hay que partir por desmantelar este mito para entender que nuestra concepción de la especialización laboral guarda intimidad con esa idea; y esa idea hasta cierto punto se desbarata con la estructura de inequidad que la misma meritocracia es capaz de reproducir. 

¿Cuáles son las experiencias organizativas, reinvindicativas y de lucha social más trascendentes del sur de Chile que conoces?

Es la lucha del pueblo mapuche, quienes mantuvieron emancipado al conosur de la invasión colonialista. Esa lucha puede ser vista como una lucha de la naturaleza, como dice Lienlaf: “mapu Ñi pewma wirarumekey ñi piukemeu” (El sueño de la tierra grita en mi corazón). Toda la historia de alzamiento raptada por el relato de los invasores ha clausurado la epopeya mapuche, horadando la verdadera imagen de ese “enemigo” con el hálito del usurpador. Este enemigo es uno infrarrepresentado por la modestia de su desarrollo material y sin una referencia a su desarrollo simbólico. En este mundo simbólico la palabra habita en un mirar que comprueba “constelaciones del cosmos exterior y exterior” (Chihuailaf), y habita como el mismo ser humano a la manera de un acontecimiento de la vida en el devenir de la naturaleza. Reivindicar la cuestión mapuche es la posibilidad insertar la vida y todo su lenguaje en un devenir paralelo a nuestra diversión occidental que sucumbe día tras día como configuración de un malestar universal. En este devenir lo trascendente captura  el ethos que podrá germinar en un porvenir respetuoso con lo vida.

Ante los graves ataques sufridos anoche en Curacautín, Victoria y Traiguén  contra la lucha mapuche. Declaramos: - ContrahegemoniaWeb

¿Por qué se militariza el Estado frente al miedo de la rearticulación social y por qué esto es paradójico al hablar de la criminalización mediática de las protestas?

El concepto de guerra irregular permite describir el modo en que el Estado transforma su funcionamiento de máquina en dispositivos o aparatos de control que atacan toda forma de resistencia e insurgencia.  En Chile la rebelión popular guarda continuidad con un relato histórico que expone la violencia transgeneracional como un elemento de la fisonomía popular-nacional. Se puede hablar de Guerra Irregular porque ha sido el propio Estado quien ha sofocado el ímpetu nacional-popular. La noción de Estado como una promesa que durante el s. XX pudo ser el horizonte de un despliegue inédito, socavó su destino por la interrupción de la Dictadura y su decadencia  como Terrorismo de Estado.

En Chile el campo de fuerzas, visto históricamente, demuestra la sofocación de lo popular a través del fusil representando el poder. En esta exclusión de la fuerza mutua, también hay espacio para el juego, que es el momento en que se revisa la seriedad de la distinción amigo/enemigo, como la plantea Carl Schmitt. Estos juegos, dicho por Huizinga, cumplen una función primordial en la definición de las fronteras que durante el combate adquieren la seriedad del conflicto declarado. En ese juego, los nombres de las calles o las estatuas que exaltan la opresión son removidas con entusiasmo, porque probablemente nunca llenaron al espíritu, configura la vida de las personas.

El conflicto posterior a la rebelión popular exhibió una militarización más bien simbólica; pues el ejército chileno podría aniquilar a la ciudadanía toda, algo muy similar a lo que hizo de forma sistemática durante la Dictadura de Pinochet, donde extirpó toda la humanidad en donde la rebeldía había germinado como un proyecto bello de construir el porvenir libre de la opresión transgeneracional. Entonces, la milicia puede atacar por cielo, mar y tierra. El ejército y COP asesinaron, quemaron, atropellaron y mutilaron como exhibición de su potencial necrótico. Tras esa performance macabra este aparato del Estado comienza a resguardar la infraestructura de las empresas privadas mientras muchos ciudadanos tienen que volver a masticar los traumas de la dictadura. Estos desplazamientos confirman los ámbitos de conformación de los bandos. Pero ¿por qué el ejército no aniquila a toda la ciudadanía? Habría que pensar que el Ejército es sobre todo la amenaza de un conflicto que se alberga como un trauma en todos quienes sobrevivieron al Terrorismo de Estado en dictadura. Pero los grupos económicos que financian al Parlamento y al Ejecutivo también necesitan futuros clientes o empleados, quienes producirán la riqueza. Volver en prisioneros a los rebeldes, mutilar, quemar estaciones de trenes, hacer montajes es toda la macabra estrategia lúdica del Estado orientada a horadar la voluntad popular, a redefinir la nueva frontera frente al espíritu de insurreción. Es la estrategia de impedir la constitución del Enemigo o poder popular, disolver esa imagen mediante un sometimiento en donde volver al trabajo asalariado se perfila como única condición para el mantenimiento de la vida. Pero ¿Cuál vida? llegamos de nuevo al cuestionamiento de subjetividad indispensable para avanzar la rebelión

¿Qué propuestas se podrían levantar para solucionar la relación asesina del Estado chileno en contra el pueblo mapuche? ¿A qué se debe esta fijación completamente desequilibrada de fuerza?

El Estado sólo tiene un único deber: reconocer al pueblo mapuche en todas las demandas que éste plantea. Lo que se requiere es voluntad política y no económica, como ha sido hasta ahora. No hay matices, porque hay un conflicto declarado y una figura del Estado jugando a la muerte y con la muerte, es decir, activando sus dispositivos de muerte para hacer montajes, autoatentados, volviendo la infancia de los mapuche en una experiencia de terror.

¿Qué se necesitaría para prender la llama de la protesta social a la luz de un pueblo en emergencia de pandemia global?

La pandemia en Chile ha sido el contra movimiento para la Rebelión y al mismo tiempo la llegada de la olla común: símbolo de resistencia popular. Por algunas semanas, la insurrección popular se avecinó a una verdadera fractura del poder oligarca: esa conquista pudo ser el inicio de un despertar no exento de sangre; la contra-ofensiva de la oligarquía mediante sus dispositivos necróticos: FFAA y COP. Es necesaria una estrategia de lucha que desconecte al ejército de la  oligarquía y refundar la policía. La huelga nacional sería la única herramienta para que esa conquista sea con el menor derramamiento de sangre. Sin embargo, mientras los neo-obreros no nos hagamos parte de ese despliegue que busca refundar el pacto social que la kakistocracia ha llevado al despeñadero metafísico; mientras no lo llevemos a efecto la resistencia popular seguirá siendo el primer y más importante eje de creación popular.