OPINION – Nos sacude tanto dolor acumulado desde hace varias generaciones

Por carlos

Denis Abarca nace en San Antonio. Su padre es trabajador portuario y su madre ama de casa. Profesora de lenguaje de profesión, se especializa en fomento de la lectura y es una de las mejores cuentas cuentos de Chile. Luchadora social que trabaja en colectivos de fomento lector inclusivo,  cine y coeducación.

¿Cuáles son las problemáticas sociales que aquejan a las poblaciones de San Antonio y Valparaíso?

San Antonio es una ciudad que está siendo aplastada por el crecimiento del puerto. El buen vivir de las personas no es considerado cuando se trata de decisiones que hacen crecer económicamente a la industria portuaria. Es una zona de sacrificio. Todo el borde costero está usurpado por el puerto, ya no hay playa en la ciudad, hay unos enormes silos contenedores de grano que dejaron a muchas familias en la sombra de su progreso y se han construidos calles especiales para el tránsito de una enorme cantidad de camiones que día a día contaminan el aire. Muchas personas en San Antonio trabajan en el puerto. Mi padre trabaja en el puerto. Hoy en día, la proyección de la construcción de un puerto a gran escala amenaza el humedal de Llolleo, donde hay unos muy lindos ojos de mar que son el hábitat de varias especies de aves y otros animales.  Hay agrupaciones de personas defendiendo el humedal, para evitar que se llene de cemento por la expansión, pero como pasa siempre en las zonas de sacrificio, es tanta la población que depende económicamente , que la resistencia es muy poca. La última vez que fui a San Antonio, mi familia comentó sobre un crecimiento potente de tomas en varios cerros. Se han levantado muchas casas en terrenos ocupados, lo que indica que ha crecido la necesidad económica de las personas. El progreso del puerto no se refleja en la calidad de vida de la ciudad. En Valparaíso la desigualdad sigue siendo una problemática potente. La vida cerro arriba y en la periferia es muy diferente a las postales que salen al mundo de esta ciudad puerto. Yo vivo hace casi dos años en Echaurren, un sector bastante abandonado en el que se habita mucho la calle. El progreso del puerto tampoco llega hasta acá. 

¿Qué papel cumple la tecnología en el colectivo Lumífera, cómo los recibe el público infantil en las diferentes regiones que han presentado sus obras y qué críticas relevantes puedes encontrar en la relación de la infancia con la tecnología?

Hay una crítica a la tecnología desde el desconocimiento que tenemos muchas personas adultas sobre cómo funcionan las comunidades virtuales y las posibilidades infinitas de aprendizaje que ofrecen algunos grupos de programadores independientes. Gracias a Lumífera conocí el lado creativo y colaborativo que puede explorarse con el uso de tecnologías, los criterios para filtrar aplicaciones y la tremenda herramienta pedagógica que podrían llegar a ser si es que conociéramos más y nos apasionáramos con algún juego. Nuestro problema es que conocemos mayormente lo que la industria nos muestra, que es como quedarse con las canciones que programan las radios y no explorar otras músicas. Y son esos juegos los que criticamos. Pero si le dedicamos más tiempo y energía a la búsqueda de material lúdico digital, nos sorprendería la cantidad de juegos increíblemente desafiantes, hermosos y de gran calidad artística que ofrece la industria independiente. Hay juegos que son verdaderos puzles visuales, otros cuyas músicas e imágenes son experiencias totalmente inmersivas, otros que potencian la contemplación o que invitan a inferir sus narrativas, todos ejercicios que aportan a la comprensión y ponen en alerta nuestros sentidos.

En Lumífera, la tecnología es el centro desde el que se articula todo lo que hacemos, que va más allá de los cuentos y explora también las intervenciones lumínicas en la ciudad. Todo bajo la premisa: Usa la tecnología de forma creativa.

¿Cuál es tu experiencia y opinión sobre el sistema de salud chileno en la gestión del embarazo y posterior nacimiento?

No creo que la mirada sobre el embarazo como enfermedad sea una realidad particularmente chilena. Es más bien una triste realidad mundial producto de la desconexión con nuestra propia naturaleza mamífera. Los cuerpos femeninos estamos preparados para parir, pero la maldición judeocristiana “parirás con dolor” se instaló tan profundo en nuestro imaginario colectivo, que creemos que necesitamos ayuda para dejar de sentir nuestro cuerpo en el momento en que más necesitamos conectar con él.  La medicalización de los partos es otro resultado del capitalismo instalado en nuestras culturas. Es una forma de arrebatarnos nuestra sabiduría primigenia y hacernos creer que no podemos, cuando lo podemos todo. 

¿Cómo influye en un trabajo de parto en casa el papel de un compañero, amigos cercanos, familia y la matrona guía?

La presencia de otras mujeres que han parido es fundamental para acompañar el proceso. Al parir, invocamos a todas las madres del mundo y parimos a todas las guaguas también. En un momento de trance en el que se requiere de apoyo, de escucha y de atención. Es muy importante que haya cerca personas que brinden esa contención y apañe. Nadie que tenga miedos y nadie que tenga dudas de que podrás hacerlo, es importante que sólo haya personas que crean en quién va a parir y confíen en su fuerza y sabiduría para hacerlo, porque debe haber alguien contigo que te diga que puedes hacerlo, si es que lo necesitas escuchar. La compañía es muy importante, pero no es lo único importante. También lo es el lugar en el que estás, el ambiente físico y energético y la  preparación personal para vivir ese momento con todo el poder adentro.

¿Cómo asumes el rol de madre en un contexto neoliberal donde la cultura del exitismo económico y los estereotipos desafían despiadadamente las opciones de crianza?

Apostando por una crianza colectiva que apañe la premisa de que el bienestar debe ser para todos y todas. No pensamos en la felicidad individual ni perpetuamos conductas del sálvense quien pueda. Desde que soy madre que asumí que no me la puedo sola. Necesito de mis personas queridas para criar. Mis personas queridas necesitan de mí. Criar a un ser humano es una de las responsabilidades más poderosas que puede haber. Y es el acto revolucionario más efectivo y rápido que podemos hacer. Estamos dejando en el mundo a un ser humano que debe saber tomar decisiones empáticas, que nunca quiera cagarse a nadie, ni aprovecharse de nadie, ni sentir que la plata es éxito y que hay que conseguirla sin importar cómo. Es muy difícil, por eso se requiere a una comunidad para lograrlo, una comunidad que les muestra que el éxito mayor al que debemos aspirar es ser buenas personas.

¿Qué relaciones negativas y positivas hay entre el feminismo, el adultocentrismo y los hombres padres solteros?

El feminismo está ayudándonos como sociedad, sin duda. Nos sacude tanto dolor acumulado desde hace varias generaciones. Siento mucha gratitud de estar viviendo este momento  en el que se sanan las historias y se levantan las voces en contra del abuso de poder ejercido históricamente por el machismo. Ya le llegará el turno a la niñez. Así como los hombres solían controlar el mundo y la historia, las personas adultas hacemos lo propio para con la niñez. Tomamos las decisiones de lo que necesitan y tomamos la palabra de lo que merecen, las personas adultas contamos la historia y muy pocas veces entregamos la palabra a niños y niñas, bajo la excusa de que no saben o no están preparados. El adultocentrismo como concepto se levanta desde los propios adultos. Hay mucho que hacer en ese ámbito. Considerar a la niñez en las decisiones, preguntar, escuchar, modificar nuestras conductas para hacer valer sus opiniones. Es un camino muy largo. En cuanto a los padres, tienen un rol que cumplir como cualquier persona adulta cuidadora. Su estado civil no condiciona ni hace diferencia alguna en cuanto a su responsabilidad de conectar afectivamente con su cría y ser compañero de camino.

¿Qué papel cumple el trabajo en el espacio recuperado Chakana con el colectivo de cocrianza y coeducación Ubuntu en Espiral?

Chakana es un espacio recuperado que actualmente apoya a agrupaciones que trabajen en vínculo directo con la niñez y la juventud. Ubuntu en espiral es una de esas comunidades. El lugar se levanta como un espacio protegido para recibir a grupos de niños y niñas. Entre otras muchas cosas, queremos mostrar a la niñez una forma de organización comunitaria que les considera y les invita a ser parte activa de ella.

Frente a los magros índices de lectura en Chile, ¿cómo asumes el fomento de la lectura en espacios formales e informales?

Creo que la lectura es una actividad sobrevalorada. Me parece que es más válido hablar de las pasiones y de cómo podemos transmitir a un niño o niña una actividad cualquiera siempre y cuando se la presentemos con honestidad y pasión. Me gusta leer y por eso me dedico a mostrarles libros a las personas. A mis compañeras les gusta ejercitarse o cocinar, y les apasiona tanto, que la niñez también se motiva con esa mediación espontánea que provoca el brillo en los ojos y la verdad. Nunca he querido que los niños y niñas lean porque eso pueda hacerlos más inteligentes o algo así, sólo quiero que lo hagan porque es una actividad que me ha brindado muy buenos momentos y me gustaría que tengan buenos momentos también. Cuando conozco nuevas historias o nuevos libros, me da muchas ganas de compartirla con la niñez que me rodea. Es casi un sueño que esta actividad sea también mi trabajo.

¿La labor de cuenta cuentos es un trabajo social político de cierta forma?

Claro, es un trabajo totalmente político. Como mediadora de lectura somos un puente entre un libro y una niña o niño, y ese libro que decidimos mostrar guarda una forma de ver el mundo, de sentir el mundo, de dibujar el mundo. Y un mensaje con el que debemos estar de acuerdo, ya que seremos un eslabón en la cadena que lo difunde. La decisión de mostrar o recomendar un libro incluye no mostrar otro. Somos también seres censuradores. Y ponemos la importancia en los temas o las acciones que queremos destacar, abrimos las conversaciones que nos interesa potenciar. Estas son decisiones políticas. Nunca se es objetivo con la propuesta de temas, es casi imposible ser neutro con las ventanas de conversación que abren los libros. Estamos para proponer temas, para escuchar opiniones, para considerar sus respuestas. Todo eso es un acto político. La invitación a cuestionar o a comentar las formas de actuar de los personajes, incluso la no invitación a comentar, todo es totalmente político. Al escoger libros “inofensivos” también estoy parándome políticamente frente a la literatura y levantando un discurso propio frente al trabajo con y para la niñez. 

¿Qué situación viven los discapacitados auditivos en Chile y qué es lo más difícil para aprender lengua de señas?

La lengua de señas es un idioma diferente, parte de una cultura con costumbres y características propias. Para aprender lengua de señas hay que aprender también de la cultura sorda. Es como aprender mapudungun: no puede comprenderse completamente sin el conocimiento de su cosmovisión, lo que se logra solamente compartiendo y acercándose con respeto a sus espacios y a su gente. Como oyente no estoy capacitada para responder cuál es la situación que viven las personas sordas en Chile, pero creo que desde nuestra vereda, podemos interesarnos por identificar cuántas costumbres audiocentristas practicamos a diario y cuánta apropiación cultural perpetuamos y ejercemos sin darnos siquiera cuenta. Como personas oyentes, estamos muy poco preparadas para realizar un trabajo inclusivo y ese es un problema al que debemos buscar solución. Aprender la lengua de señas es una forma muy práctica de resolverlo. Sería hermoso que la lengua de señas fuera un ramo de las mallas curriculares de las carreras relacionadas a educación, justicia y salud. Quizá algún día. Por mientras, bonito es contagiar el interés por acercase a personas sordas y aprender de forma autogestionada.

¿Encuentras segregadora la competitividad que genera el gobierno con sus fondos culturales?

Vivo hace varios años de microsueldos de cultura. Cada año levanto proyectos e invito a la mayor cantidad de personas posibles a trabajar en ideas que permitan compartir conocimientos que no serían posibles de compartir si no fuera por esta vía. Conozco a muchas personas muy sabias y generosas con sus talentos. Es un placer para mí formar equipos de trabajo con ellas y poder dedicar nuestra energía a trabajar tiempo completo con nuestras pasiones. Es bastante horrible que esto signifique que competimos con nuestros pares. Que ganamos o perdemos, como en una lotería. Cuando ganamos, somos felices por un año ejecutando proyectos que aportan a la vida de muchas personas. Cuando perdemos, tenemos que garzonear o buscar otro trabajo. Supongo que todas las personas que nos dedicamos al arte lo sabemos cuándo decidimos hacer lo que hacemos: raramente habrá sueldo seguro. Por supuesto que sería hermoso que como sociedad sintiéramos la necesidad de acceder al arte y consideráramos invertir en espectáculos de diversa naturaleza con frecuencia. Así no tendríamos que mendigar financiamientos, ya que habría público para todo lo que se ofreciera. Mucho mejor sería que el estado financiara todo y no nos hiciera competir por su dinero, pero aún no imagino cómo sería una realidad así.  Sí creo que es segregadora y me gustaría que fuera de otra manera. De todas formas, me siento muy afortunada por poder trabajar con las personas que admiro y en los tiempos que elijo y de la forma que más nos acomode. Ojalá mucha otra gente pudiera hacerlo también. Hay muchos talentos que no podemos llegar a contemplar porque los proyectos que no ganan no se ejecutan. Por otro lado, hay proyectos hermosos que nacen desde las pasiones de los equipos de trabajo y que se ejecutan igual, ganen o no. Esos son siempre los mejores.

¿Cómo experimentaste el levantamiento social de octubre pasado frente a la agresividad inhumana de la policía y la costra lacrimógena que quedo adherida en Pedro Montt?

Me tocó, como a muchas personas porteñas, ver cosas bastante terribles. Las manifestaciones fueron reprimidas con toda la brutalidad policial que ya se conoce y Valparaíso fue una ciudad muy abusada por lo pacos.

Personalmente, agradezco la existencia del grupo de bellos seres que conforman Ubuntu en Espiral. Ese espacio fue un refugio poderoso, en el que los niños y las niñas podían compartir y jugar, conversar, preguntar, y las madres y padres podíamos apañarnos para sentir la seguridad del compañerismo y la práctica de la crianza compartida. Fue un tiempo de fortalecer lazos y reconocernos. Y de proteger, ver y considerar a la niñez. Las personas se levantaron con un poder organizativo que nunca antes vi, y fue hermoso, sin embargo, la niñez era invisible para varios de esos grupos de personas. Pero para varios otros grupos no lo era. Y eso fue bello de ver también.

Sin duda, haber vivido esa represión tan terrible nos recargó de una rabia que hoy funciona como energía. 

¿Cómo ha sido tu vida laboral y trabajo en colectivos estos meses de pandemia?

La vida laboral se ha volcado a la virtualidad, lo que es bastante raro considerando que mi oficio es de mediadora de la lectura y cuentacuentos. Hemos desarrollado talleres de forma remota, hecho funciones de cuentos y también cursos de formación de mediadores. Es rarísimo no tener contacto real, pero nos aferramos a la idea de que es sólo un momento y que la realidad no es este presente. En cuando a la organización comunitaria, la resistencia ahora es juntarnos, por lo que hemos evitado pasar a una forma virtual de organización y cada cierto tiempo nos reunimos de verdad y compartimos las miradas reales.

Hay varios tipos de dificultades en el trabajo de asamblea, sus acuerdos y actividades, ¿qué recomendarías para sobrellevar los problemas que se van presentando, desde lo organizacional y ejecutor?

He aprendido mucho de la organización Ubuntu en Espiral. Gracias a esa comunidad comprendo que lo vital para el trabajo de asamblea es el respeto y la confianza en la otra persona. Una asamblea no es una secta, lo bello es también la diferencia. Cada quien lucha desde su propia trinchera, lo importante es que todas estamos luchando por algo. Las diferencias no son ideológicas, pero existen y las respetamos, porque confiamos en que no vamos en contra de nadie y en que somos compañeras y compañeros que nos cuidamos y protegemos. Desde lo organizacional, delegar y confiar. Confiar en el otro sin necesidad de revisar ni pasar máquina. Es inevitable que haya sobrecarga de responsabilidades sobre unas personas más que otras. En esos casos es bueno identificar cuando eso ocurre y usar la palabra para proponer soluciones. Hablar con claridad y escuchar con atención. Con la Compañía Ziento un Cuento he aprendido que la admiración por las compañeras es muy importante para sentir la confianza que ofrece el trabajo colaborativo que complementa y siempre suma. La gente que nos rodea debe merecer nuestra admiración.  

¿Cuál es el papel que deben asumir los colectivos frente al Apruebo y el proceso de construcción de una nueva constitución, tomando en cuenta que el gran capital y los políticos no dan puntada sin hilo?

Hay varias trincheras en las que instalarse. Cada colectivo conoce espacios y sabe hacia dónde dirigir sus acciones. En lo personal, creo en la manifestación de forma directa y sin miedo, en el apañe al movimiento de campaña para sumar energías: rallar las poleras, sacar carteles por la ventana, escribir consignas en las mascarillas, subir material a las redes sociales, usar las paredes, participar en las congregaciones y marchas, todo suma, cada quién se instala donde más le acomode.  Definirse políticamente como colectivo también es muy importante. Una línea política clara será clave para que se queden cerca las personas con las que nos interesa intercambiar saberes y se vayan las otras. El silencio amarillo nunca ha sido un buen aliado.

¿Cómo desarrollaste tu conciencia por la explotación animal y qué dificultades enfrentas como vegetariana?

Siempre me críe con gatos y perros y sentí por esas mascotas un cariño igual al que siento por la familia. De niña, no era diferente para mí un perro de una persona. Mi papi trabajó un tiempo como chofer que transportaba chanchos desde un criadero a un matadero camino a Melipilla y algunas veces yo lo acompañaba. Él me decía que los chanchos iban de paseo, pero un día entendí que no y ahí comenzaron mis primeros cuestionamientos, como a los 10 años. Cuando tenía 18 años conocí el concepto de especismo. Leí mucho y vi documentales. Tomé la decisión, a pesar de gustarme mucho el sabor de la carne, de no volver a comerla. Y así fue.  No fue una decisión de salud ni nada parecido, fue completamente por el respeto a la vida de los animales. Con el paso del tiempo supe también que había muchos aspectos de mi salud que se mejoraban con una dieta vegetariana. Pero a pesar de eso, sigue siendo el motivo principal el respeto por la vida de los animales y el repudio a las técnicas de tortura que la industria de la carne utiliza en sus procesos de criarlos y matarlos. Mi hijo hoy tiene 9 años y nunca ha probado la carne. Yo tengo 33 y estoy decidida a no volver a comerla jamás. Las únicas dificultades que enfrento es cuando vamos a comer a otro lado y no hay nada que podamos consumir, pero es un detalle que sucede cada vez menos.

Al principio de mi vegetarianismo, quería que todo el mundo dejara de comer carne y pensaba que podía convencer a las personas y convertirlas en vegetarianas, como una evangelizadora. Mi papá me ayudó a comprender que era bastante odiosa y que, en algunos aspectos, cada quién puede hacer lo que tenga ganas de hacer. Ya se está erradicando el machismo, le llegará el turno al adultocentrismo, y algún día el tema central tendrá que ser el especismo. Eso espero.