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Cuando nos metimos en la apuesta de una ley para que se cambiase la prisión preventiva por arresto domiciliario para los PP de la Revuelta –esto a fines de marzo e inicio de abril- sabíamos que el tránsito iba a ser complejo, pero que si o si, del aconchado, íbamos a tener “pura ganancia”, ya que si se lograba la aprobación de una ley, los(as) prisioneros(as) políticos(as) de la Revuelta podrían
estar en sus casas a la espera de un juicio, y en caso que no se tramitará o aprobará una ley, se habría establecido un camino para una solución política definitiva. Si bien aún estamos en los tiempos en que el Parlamento se pueda tramitar y aprobar el Proyecto de Ley Boletín N° 13449-07 –impulsado por la diputada Carmen Hertz- esto no significa que como
Agrupación podamos pegarnos un salto ¿Qué es para nosotros el salto? Es la cualificación de nuestras prácticas, discursos y apuestas. En un instante de nuestro quehacer, invocamos el estilo de Jaime Castillo Velasco, para que primará un sentido de ética, justicia y Derechos Humanos, y para que en
ese espíritu, se tramitará y aprobará este proyecto de ley. Lo intentamos, pero no nos ha funcionado hasta el momento. El problema, es que nos encontramos con una política que no opera en estos parámetros. La política del parlamento no está preocupada de los asuntos fundamentales de la población –como lo es la Prisión Política- sino que esta simplemente en otra. Hoy lo que rige a la política son las elecciones, y a corto plazo, el Plebiscito del 25 de octubre. Todos los sectores que tienen representación parlamentaria están en esa. Y están en eso porque lo necesitan, ya que, como es sabido, la clase política y la institucionalidad democrática están en crisis, y requieren de un hecho que los vuelva a re-legitimar. Aquel hecho es el Plebiscito de octubre.
En este contexto, es que Guacoldas se plantea un salto en su quehacer y que tiene fecha de evaluación a fines de Octubre. Aquel salto lo constituyen dos apuestas: una, el instalar la libertad de los prisioneros políticos en el contexto del Plebiscito; la segunda, instalar-apurar-porfiar para una solución política definitiva.
Lo de instalar la libertad de los prisioneros políticos en el Plebiscito no tiene nada que ver con tomar una posición con respecto a los apruebo o a los rechazo. De hecho planteamos un cuestionamiento más profundo ¿es éticamente realizable un Plebiscito con centenares de prisioneros políticos, con miles de personas procesadas y con miles más perseguidas por el Gobierno? ¿Es acaso eso propio de una Democracia? ¿Se pretende “construir un nuevo Chile” en estas condiciones? Si la Democracia quiere re-legitimarse, necesita resolver unos cuantos asuntos. Uno de esos es la prisión política.
La segunda apuesta tiene íntima relación con la ya descrita: la solución política. Estamos aún en debate en cual debiese ser, si amnistía, indulto, u otra que se requiera inventar para el instante. El tema está que la Democracia y el Estado de Chile tienen que hacerse cargo. La prisión política es parte de la embarrada que han dejado en estos 30 años. De hecho, el Estallido Social es producto de
la ineficiencia, inoperancia, de aquella corrupción institucionalizada, de la marginación y desigualdad que se han incubado en estas décadas de supuestos avances para la sociedad.
Pues bien, Guacoldas entra en un nuevo instante, en un nuevo momento de su despliegue. Lo hacemos con ganas y con ansías de Justicia y Libertad. Lo hacemos desde nuestra esencia gozadora y porfiada, con toda la disposición a seguir aprendiendo, a ser mejores, más capaces, creativos e irreverentes… QUIERES LEER TODO EL SEMANARIO?

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