“La identidad actual no pasa de once camisetas”

Entrevista realizada por Carlos

21 de agosto de 2020

Leonardo Buitrago reside actualmente en la ciudad de Bogotá, es escritor y nómade incansable, ha compartido con la gente de muchos países de Latinoamérica y Oceanía, residió dos años en Chile. Hoy vive la pandemia  junto a su padre, el cual trabajó toda su vida en una oficina de Norte de Santander y muy avanzado en edad dijo no más y estudió abogacía para defender los derechos de los trabajadores.

En tu recorrido por Latinoamérica, ¿cuánta pobreza y explotación humana has visto con tus propios ojos?

Pobreza, mucha, casi eso es lo que identifica a cualquier ciudad latinoamericana. Sientes como si la pobreza fuera parte de nuestra identidad como continente. La explotación humana, inevitablemente, va atada a esta pobreza. Te la encuentras en cualquier calle, en cualquier esquina. Niños, mujeres, viejos, vendedores ambulantes, comunidades completas.

¿Cuál es la influencia del narcotráfico en los lugares más pobres de Colombia?

El narcotráfico se convirtió en una manera de salir de la pobreza. Esta manera se sumó a la de ser futbolista, político o cantante de reguetón. A menudo nos muestran series en televisión que hacen apología al narco y los niños lo toman de esta forma. Por lo general, los niños de las barriadas más pobres son los más expuestos a este mensaje y son las primeras víctimas de la violencia del mundo actual. Es por esta irresponsabilidad de los medios en su afán por tener rating, que se replican mensajes a la población más vulnerable y con las opciones para salir de la pobreza contadas. Creo que esto pasa en toda América y en el mundo. El pobre quiere ser rico y el mensaje que recibe de cómo hacerlo es inmediatista y a cualquier precio, esa inmediatez es la llave para que el narcotráfico y su hipócrita prohibición sean una opción que cada día acumula más víctimas.

El narcotráfico, la violencia y la drogadicción son síntomas de un mismo mal, no causas.

-¿De qué formas has vivido la discriminación, la xenofobia y el racismo?

La he vivido al viajar con un pasaporte colombiano. Curiosamente, en Latinoamérica reñimos mucho entre las nacionalidades de manera solapada. Tenemos una idea, un prejuicio sobre el otro. Los argentinos son así, los chilenos asá, los peruanos tal cosa, los bolivianos tal otra. Al final estamos sumidos en pequeñas disputas que se han erigido en torno a varias ideas prejuiciosas. Por eso siempre he sentido el peso de pasar una frontera como colombiano. Además, es inevitable, vengo de un Estado que está permeado por el narcotráfico, algo muy malo, sin embargo, si hay países productores, es porque hay países consumidores, pero esa es una parte del discurso que se suele obviar, precisamente, por las narrativas mediáticas a las que estamos expuestos que solo nos muestran los síntomas como causas. Gran parte del discurso antidrogas es norteamericano, y los países satélite de la gran potencia lo replican, así es inevitable sentir discriminación o racismo hasta en tu misma aldea, por decirlo de alguna manera.

¿Cuál crees tú que es el problema fundamental que impide al pueblo latinoamericano organizarse frente al poder económico y político de las clases dominantes?

La identidad creo que es un punto fundamental, pero no un problema. El problema, en parte, creo que va ligado a ella, porque somos buenos para repetir y aplicar modelos extranjeros: el derecho, las leyes, la organización gubernamental, incluso el idioma. Pero no tenemos una identidad definida, porque carecemos de la confianza que esto aporta. Y la confianza es fundamental para erigir culturas, para crear saberes y respetarlos. Venimos de una colonización europea en un mundo que era eurocentrista, porque Europa dictaba los parámetros de civilización. Luego pasamos a un mundo americanizado, donde estamos ante una potencia hija de ese modelo europeo. Nuestros Estados, gobiernos e instituciones están ligados a este dominio, un préstamo en el que entramos debiendo por no parecernos a ellos, a las sociedades gobernantes y potencias primermundistas. Es cierto que se ha venido construyendo un discurso de identidad en Latinoamérica, pero bajo un esquema prestado, pequeñas voces desperdigadas. Sin embargo, cada vez hay más. Creo que el problema, más del pueblo latinoamericano, es esencial y mundialmente humano. Estamos desconectados de nuestra identidad humana, o bien, muy conectados a ella. Y entre estas polaridades, siempre vamos a estar en la zona gris de nuestra identidad y entendimiento.

-¿Qué opinas sobre la actualidad del libro Las venas abiertas de Latinoamérica?

Las venas abiertas de Latinoamérica es un gran libro. Me gusta porque es un discurso con investigación que se salió de la academia. Hay muchas investigaciones muy pertinentes en los anaqueles universitarios. Temas fundamentales que deberían ser difundidos, pero solo acumulan polvo en las bibliotecas de las facultades. En parte, esa es la riqueza del libro de Eduardo Galeano, ya que sacó un discurso académico y lo llevó a la calle. He escuchado muchas versiones de personas que lo niegan, que lo hablan con desparpajo, tanto en las facciones de derecha como en las de izquierda. Me gusta mucho lo que hace Galeano al indagar las ciudades, las paredes, las pequeñas historias que construyen la memoria. Esa memoria es fundamental para redescubrir nuestra identidad.

¿Qué diferencias y similitudes tendrían Colombia y Chile para ti?

Son muchas similitudes y bastantes diferencias. Esta es una pregunta muy amplia, y su respuesta es, de la misma forma, muy amplia. Creo que si estudiamos en tres frentes como la sociedad actual, la relación con la naturaleza y los pueblos originarios, se podría trazar de mejor forma esta relación.

En sociedad, nos parecemos por la desigualdad. Si bien, Chile es tremendamente organizado y legalista, y eso ayuda a disminuir la brecha un poco, al menos visiblemente, Colombia es muy informal y vivimos en un desorden perpetuo que pareciera ser acorde al trópico.

En nuestra relación con la naturaleza, somos dos países que dependemos en gran parte de la economía extractivista, Chile con el cobre y Colombia con el petróleo. Eso ya dice mucho de nuestra del trato con la naturaleza y sus recursos, que en el discurso oficial, esta solo sirve para las bonitas fotos de los pasquines publicitarios de turismo.

En cuanto a los pueblos originarios, la sociedad actual los trata igual que forasteros, a pesar de que sus saberes sean tan diversos y profundos por los múltiples factores que construyen toda una cultura.

Desde estos tres puntos de vista, por la forma como estamos construidos como sociedad y los discursos que sostenemos, somos culturas muy diversas gobernadas por los mismos problemas, lo que nos hace muy parecidos desde la visión miope de nuestra ideología neoliberal.

¿Qué opinión tenían tus amigos colombianos sobre tu estilo de vida en tu estadía en Chile?

En Colombia todo el que salga al extranjero ya logró algo. Así la persona vaya a otro país a limpiar baños, ya logró algo. Mi estilo de vida en Chile fue cómodo. Logré trabajar y hacer algo de dinero, lo que me dio algo de tranquilidad. Pero la opinión de mis amigos colombianos era muy mínima, porque Chile no es un país que se muestre mucho. A diferencia de Argentina o del mismo Perú, Chile es un país muy reservado. Si muy pocas personas saben que Condorito es chileno, cada país de Latinoamérica cree que Condorito es propio. Eso me parece que dice mucho de la personalidad chilena.

¿Qué nos puedes decir sobre Iván Duque Márquez y Sebastián Piñera?

Lo mismo que puedo opinar sobre cualquier presidente con un discurso neoliberal, que visto con lupa es feudal, medieval y completamente individualista. Prefiero no hablar sobre esos sujetos.

-¿Cuál es tu mirada al proceso chileno de una nueva constitución y las protestas del año pasado que le dio empuje?

Creo que Chile duró bastante en el letargo del libre comercio, en esa ilusión del estilo de vida americano tan bien implementado durante la dictadura, que tarde o temprano tenía que pasar lo que pasó. Me gustó mucho haber sido testigo de las marchas, de la movilización ciudadana, de las protestas desaforadas. Me gustó salir a las calles y sentir el clamor de la gente, eso me causaba todo tipo de sensaciones y agrado. Tuve oportunidad de viajar a Valdivia y ver lo mismo. Me sentí muy identificado y tomé parte de las arengas. Creo que es un proceso muy valioso que, infortunadamente, fue suspendido por varios factores y por esta pandemia que pareciera como si hubiera sido fabricada justo cuando las cosas se estaban poniendo interesantes en todo el planeta.

-¿Cómo los medios de comunicación colombianos influyeron sobre tu opinión y visión de Chile antes de tu llegada y como lo ves hoy?

Como te dije antes, Chile es un país muy reservado. Yo sabía del vino, de la poesía, de Jara, de Parra, de la dictadura, de las empanadas, del mismo Condorito, pero porque yo soy una persona que le gusta leer e investigar. Y porque también conocí a un muchacho Mapuche que fue a Bogotá, a visitar a un amigo. Pero si lo miras bien, las naciones latinoamericanas ahora son selecciones que se enfrentan en la Copa América. La identidad actual no pasa de once camisetas, poleras, remeras, iguales que se enfrentan a otras once detrás de un balón.

-¿Cómo está constituida la estratificación social en tu país actualmente y cómo influyó en su configuración el período de la historia colombiana llamada La Violencia?

Creo que la estratificación está constituida por los dos polos, pobres y ricos, y un mar de autodenominadas clases medias.

La Violencia como periodo histórico se debió a dos partidos políticos que, mientras los ricos discutían en la política y en las fiestas de la alta sociedad, los pobres ponían los muertos en el campo por la pseudo ideología de esos leguleyos. Leguleyos cuyos hijos y nietos siguen enquistados en la política, solo que ahora les tocó abrirle campo a la burguesía narcotraficante que llegó con bastantes dólares a hacer parte de la conversación nacional.

Entonces, se puede decir que en Colombia la estratificación está en pobres, los que ponen los muertos, ricos, en esta clase entra el dinero del narco y la clase media, que por lo general no sabe para dónde tomar y termina escogiendo lo que más le conviene a sí misma, que tampoco sabe qué es.

-¿Cuál es la distribución social, racial y étnica en la geografía de Colombia?

Es muy amplia y diversa. Básicamente Colombia son varios países o pueblos dentro de un mismo territorio, en parte, gracias a la geografía. Tenemos una región amazónica, una región andina, una región caribe, una región pacífica y una región de llanuras. Por eso es muy normal viajar dentro del país y encontrar un poco de todo. Creo que Colombia es un resumen, o un compendio de Latinoamérica.

-¿Qué medidas ha adoptado el pueblo colombiano frente a la pandemia y sus estragos y cómo éstas han influido en la realidad del narcotráfico?

Frente a la pandemia, creo que la medida ha sido las mismas que en otros lugares: el aislamiento, los tapabocas y lavarse las manos. Los estragos también creo que han sido los mismos, en parte, gracias a la administración gubernamental, cuándo no. Y la realidad del narcotráfico, pues, es tan real que la producción sigue, el mundo sigue consumiendo, y mientras haya demanda, habrá oferta, simple economía aunque haya pandemia.

-¿Qué me puedes decir sobre el movimiento social colombiano?

Es tan amplio el espectro social como la variedad regional y climática que tenemos. El movimiento social en Colombia es muy variado. El problema, en esencia, es que en este gobierno se recrudeció el asesinato sistemático de esos líderes y lideresas del movimiento social colombiano. Infortunadamente, ese asesinato sistemático no ha sido de este gobierno, sino que viene desde hace mucho tiempo, casi desde la misma fundación de Colombia como nación. Lo bonito, es que terminar esos procesos sociales es imposible, porque el mismo Estado desde su sordera y con sus acciones, sangrientas acciones, simplemente están cultivando el germen que tarde o temprano terminará por derrocarlo.

-En tu opinión, ¿cuál es la relación entre la política, la economía y el narcotráfico en tu país y cómo esto se relacionaría con el patriarcado y el miedo social?

La política es económica y esta está tramada sobre una lógica y un discurso patriarcal. Es así de sencillo. El narcotráfico, por su parte, es una fuente subterránea que irriga varios frentes, lleva plata a los bancos, ayuda a paliar crisis políticas, y está tan metido en la política que esta se volvió dependiente de los dólares que el narcotráfico aporta.

Ante esta visión, el miedo se ha convertido en la norma general, precisamente, porque se han permeado todas las instituciones. Por ello, no se cree en las mismas y si tú vives en un Estado que no te garantiza lo mínimo, por supuesto vas a vivir con miedo, porque no tienes a quién recurrir cuando requieres ayuda o soporte de algún tipo. O sea, el Estado está para cobrarte impuestos, pero no para garantizarte el derecho a vivir en paz.

¿Qué papel le asignarías a Los detectives salvajes en el plano del de lucha hegemónica, Hijo de ladrón en la marginación social y Cien años de soledad  en la crítica a la idiosincrasia?

Los detectives salvajes es el discurso de los que teniendo qué decir, no son escuchados y por ello tienen que recurrir a ser leídos, porque así nadie los puede interrumpir al hablar. Este es un pensamiento del peruano Sofocleto, quien yo creería que es uno de los primeros detectives salvajes del real visceralismo.

Hijo de ladrón, por su parte, es la fábula de la desigualdad. Me parece un texto relevante sobre lo que se entendió como construcción de sociedad en el cono sur. Esta construcción debida al pasado europeo que llegó con muy poco a construir los mismos modelos sociales de los que había sido marginado.

Cien años de soledad es un relato mágico, y como la magia, se nutrió de la realidad. Algunos dicen que es un resumen de la historia de Colombia, y puede serlo, pero contada desde la región caribe, lo que la hace algo subjetiva, algo muy colorida.

¿Cuánta penetración imperialista cultural influencia a la cotidianidad de los trabajadores de tu país?

Toda. Estamos completamente influenciados de la cultura norteamericana. Hay un pensamiento muy interesante sobre la sociedad colombiana. No sé bien cuál fue su autor, pero un abogado que fue a su vez humorista, lo expuso en una charla. Este señor se llamaba Jaime Garzón, y él dijo lo siguiente: En Colombia los ricos se creen ingleses, la clase media se cree gringa, los intelectuales franceses y los pobres mejicanos. Creo que este pensamiento dice mucho de la mal entendida lucha de clases y sus falsos referentes de identidad.

¿Qué papel cumple la cultura afroamericana e indígena en la música y el baile de tu país?

Es fundamental, porque si bien es un país con muchos matices, esa música afro e indígena está naciendo en nuevas voces con sonidos muy interesantes, que curiosamente recoge mucho de otros sonidos, sonidos que en la sociedad colombiana son estériles, como el mismo rock, que también es otra influencia norteamericana, pero que en Colombia naturalmente tomó un camino más autóctono.

Creo que la suma de afro e indígena nos legó la cumbia, que fue un ritmo que se expandió por toda América, y que de forma similar a como sucede con Condorito, cada país latinoamericano la siente como propia.

Por eso el papel de la música es fundamental, es el corazón de la identidad. Cosa que saben también los empresarios, y terminan por explotar con fines económicos, es obvio. Sin embargo, detrás de toda la industria, la esencia permanece intacta.

-¿Qué películas del cine colombiano valorarías como un relato coherente con la realidad de su pueblo?

Relevantes, pocas. La industria del cine en Colombia se vio interrumpida, en parte, por las mismas decisiones políticas que generaron la violencia. Por eso el cine es una industria nueva, relativamente nueva. Creo que dentro de lo más colombiano en el cine, con muy poco conocimiento del mismo, hablaría de La Estrategia del Caracol, La Vendedora de Rosas, La Gente de la Universal, El Abrazo de la Serpiente y La Pena Máxima.

¿Qué le recomendarías a las y los jóvenes pobladores para construir su propio pensamiento y accionar político cotidiano?

Interesarse por conocer, y por conocer lo que a uno le interesa, lo que a uno le gusta. Lo que lo motiva. Creo que ese es el principal motor para realizar cosas. Una vez uno se interesa, y empieza a hacer cosas, nuevos saberes llegan, nuevas cuestiones enriquecen nuestras ideas, y eso, hace que los discursos se construyan y fortalezcan.

Tú puedes recomendar a alguien que lea muchos libros, pero esto sin práctica, y sin motivación, será lo mismo que una lección olvidada de la escuela. Es por medio del interés que nosotros nos motivamos para hacer cosas, y por medio de esa motivación empezamos a descubrirnos, a descubrir nuestra identidad, nuestra verdadera identidad que va más allá de un equipo de fútbol o de una creencia religiosa.