¿Teletrabajo o telexplotación?

teletrabajo

LTB, mayo, 2020.

Es sabido que el estado de Chile resguarda los intereses de los empresarios y eso ha quedado más demostrado que nunca durante la pandemia, a través de leyes como la de protección al empleo, la que ha permitido que grandes empresas con miles de millones de pesos en ganancias (Cencosud, Ripley, por nombrar algunas) , mantengan este privilegio de acumulación de riquezas, mientras a miles de trabajadores y trabajadoras se les castiga con la significativa disminución de sus ingresos o muchos otros/as simplemente son despedidos por necesidad de la empresa.

Frente a esta lamentable realidad propiciada por el estado empresarial chileno, quedan otras y otros ciento de miles de trabajadoras/es sujetos a una actualizada condición de explotación, entre ellas el tan bullado teletrabajo, el cual se presenta como una gran oportunidad o ventaja que necesariamente se debe desmitificar, porque si bien se puede trabajar desde la casa o desde cualquier otro lugar, generando cierta “autonomía” para el trabajador o la trabajadora, este trae consigo una serie de dificultades, hasta ahora aun invisibilizada para quienes ejercen esta labor.

Pero esta forma de explotación no es nueva, desde la aparición y masificación de los contactos remotos, el teléfono celular, el internet, es decir, el avance tecnológico de las telecomunicaciones, esta modalidad de explotación fue creciendo, y hoy, dada la pandemia del coronavirus se instala abruptamente. Estas formas de trabajo no han hecho más que esconder formas de explotación; distintos contratos, aumentar las horas de trabajo y disminuir significativamente las posibilidades de organización, uno de los principales objetivos empresariales en los últimos gobiernos.

Otras de las desmitificaciones que hay que tener en cuenta del teletrabajo es que si bien gastamos menos en movilización, micro, metro o bencina, los gastos se incrementan, ya que los instrumentos de trabajo como: computadores, internet, agua, luz, los termina pagando el o la trabajadora. Junto con eso también aumentan significativamente las horas de trabajo y no hay reconocimiento de las horas extras, debido a que se suma la carga laboral con la carga de trabajo doméstico, el cuidado de las hijas/os y las responsabilidades escolares de estos, es decir, el trabajo se multiplica al combinar el espacio de la producción con el de la reproducción

Esta es una situación que no debemos naturalizarla, al contrario, dado ya estas condiciones de trabajo benefician al empleador, este es quien disminuye gastos, generando además mecanismos de control a distancia, saturando de nuevas tareas a las y los trabajadores, lo que trae consigo consecuencias tanto físicas como mentales, es decir, un estrés y agobio laboral aumentado por los niveles de angustia e incertidumbre, provocados por los efectos propios de la pandemia, en donde al miedo de contagiarse, se suma el miedo de perder el trabajo, obligándonos en la mayoría de los casos a trabajar aun más, con horarios de trabajo extendidos mucho más allá de lo legalmente establecido.

Además de esta situación, no todos/as pueden acondicionar sus espacios domésticos en lugares de trabajo apropiados para su desempeño laboral, por lo tanto, los problemas colaterales, principalmente psicológicos también van en un significativo aumento.

En el caso particular de las trabajadoras, esta situación se torna aun más compleja, el sistema patriarcal las ha vinculado históricamente a las labores de cuidado de las/os niñas/os, a las tareas domesticas y como se menciona anteriormente esta situación genera no solo una condición de doble explotación, se suman también el estrés y la violencia de género, situación que se ha ido en significativo aumento con la crisis sanitaria y social que estamos viviendo.

Sin lugar a dudas esta situación de anormalidad no la podemos naturalizar, si bien hoy las posibilidades de criticar, como efecto catártico de miles de trabajadores y trabajadoras, que viven la agudización de las contracciones sociales que ha develado y profundizado la pandemia, generan mayores desafíos para las actuales, futuras, necesarias y urgentes organizaciones de trabajadoras/es, debido a que deberemos ponerle freno a estas brutales agresiones hacia la vida, al desarrollo humano y hacia la salud mental de millones de trabajadores/as.