Parir en tiempos de coronavirus

parto respetado

En esta semana –del 17 al 23 de Mayo- se conmemora la semana mundial del parto respetado. La iniciativa busca devolver el manejo y control del nacimiento a sus actores principales: la que va a parir y la persona que nace, comprendiendo al equipo médico como el encargado de acompañar el proceso, garantizando además el cumplimiento de sus derechos.
La importancia de conmemorar esta fecha, está dada por una triste realidad que viven decenas de clínicas y hospitales en Chile, evidenciando diversas formas de violencia obstétrica. Así, es posible presenciar desde maltrato verbal, la prohibición de estar acompañada en trabajo de parto, hasta la más común y nefasta vulneración del apego dentro de la primera hora de vida.
Son muchas las mujeres -y sus acompañantes- que se han visto marcadas negativamente en este punto; una cuestión tan relevante en sus vidas, pero que al parecer se encuentra bien metido debajo de la alfombra. Normalmente no disponemos de información que nos ponga al tanto de nuestros derechos, por ejemplo, el derecho a parir acompañadas por una persona de confianza o que la criatura permanezca a nuestro lado mientras estemos en el recinto hospitalario. Tampoco de alguna orientación para enfrentar las vulneraciones que eventualmente podemos vivir.
Desafortunadamente estas últimas se han visto incrementadas en contexto de pandemia. Si bien, en muchos casos la causa de estas situaciones es la escases de recursos para aislar debidamente la maternidad, en otros varios, podría deberse a la falta de voluntad o compromiso de quienes ejercen la función clínica, con quienes enfrentan el nacimiento de sus hij@s y el inicio de la crianza en un escenario adverso e incierto.
Hoy, las posibilidades de tener un pre parto caminando por el hospital, acompañado de un núcleo familiar completo, de tomar las horas que sean necesarias para parir o de si quiera asistir con tranquilidad a los controles se ven reducidas, trayendo consigo mayor estrés de lo que el proceso en si ya tiene. En este momento pareciera que todo lo relacionado al parto está un poco olvidado: el solitario puerperio, la lucha por una buena lactancia, los cambios físicos, psicológicos y el cansancio.
¿Nos hemos preguntado acaso por quienes hoy se encuentran allí? ¿Las medidas sanitarias y políticas públicas esta pensadas íntegramente en el periodo perinatal?
La respuesta seguramente es no, y hoy ese NO, está en mayúsculas. Si antes un padre, con un poco de suerte, podía estar en el parto y luego acompañar una semana de post-natal a su hijo, en este contexto ese mismo padre -o madre no gestante- debe hacerse a un lado en el nacimiento por miedo a estar contagiado y comprometer el ambiente ¿No sería más humano dar un pre-natal un par de semanas antes para quien será el acompañante? Y así resguardar las medidas sanitarias y los derechos básicos en parto. ¿No sería más coherente redoblar los recursos en cada sala de parto para que este sea seguro, amigable y humano logrando un mejor apego? ¿No se debería proteger a la madre y al recién nacido de la exposición permitiendo salvoconductos para apoyar la adaptación y surtir de mercaderías? o ¿Crear un programa de visitas domiciliarias y contención psicológica?
Debería ser el momento de subsanar lo que enfrentan las mujeres de clase trabajadora cada vez que su revisión ginecológica no es privada porque no hay cortinas, cada vez que el puerperio es estresante porque hay hacinamiento en las salas o cada vez que no puede ver a su hijo/a o hacer apego en neonatología porque faltan insumos de protección.
Cómo es que siendo este un proceso tan trascendental en la vida de las personas y en la sociedad hemos olvidado protegerlo. Hemos olvidado que la maternidad merece y necesita redes para ejercerla en plenitud, hemos ignorado históricamente las necesidades de los cuerpos gestantes comprometiendo altas tasas de depresión post parto, abandono de la lactancia materna por frustración, baja participación en los círculos sociales- laborales y hoy seguimos repitiendo esa fórmula, cuando las madres, los niño/s y el contexto están pidiendo a gritos un cambio.
Cambiar la forma de nacer en este país es el inicio para comprender que la maternidad será deseada y libre o no será. Que los niños y niñas son sujetos de derecho, que merecen profundo respeto y que todos debemos involucrarnos en su protección. Que las mujeres somos dueñas de nuestros cuerpos y si queremos bailar, saltar, caminar, parir de cuclillas o en sobre una camilla es nuestra decisión. Que dar a luz es un proceso fisiológico y natural, no una enfermedad, ni una operación, o un procedimiento médico como nos han querido hace creer; es traer vida y debe ser en libertad.

Comprendemos que el COVID-19 es por instinto en lo único que logramos pensar, y que poco espacio queda para otros asuntos, pero los nacimientos siguen ocurriendo y merecen la atención que se les debe, merecen sus adaptaciones humanas y responsables para esta crisis sanitaria tanto en el ámbito médico como legal.

Esta semana del parto respetado es diferente, porque mientras las maternidades de algunos centros se cubren de dulces imágenes y corazones, otras se llenan de gritos, miedos y lágrimas ahogadas en sus pasillos.
Finalmente, ponemos a disposición el siguiente listado de hospitales públicos (y algunas clínicas) en Chile que permiten o no el trabajo de pre-parto/parto en compañía, realizado por el Observatorio de Violencia Obstétrica al 10 de mayo 2020.

*El texto plantea el escenario general que se enfrenta en las maternidades pero sabemos que hay cuerpos no binarios y trans gestantes, así como familias homo o uniparentales, quienes deben lidiar con más de una violencia.