NO MIREN HACIA ARRIBA

Por Jorge Cisternas. Equipo Nuestra Trinchera.

 “No queremos meternos en política, el cometa traerá muchos empleos”

Son las frases proferidas por la madre y padre de la protagonista de la película “NOMIREN HACIA ARRIBA” lanzada últimamente por la industria cultural de Netflix.

¿Y qué puede interesarnos a nosotros esa película del imperio?…  se preguntarán los amantes del realismo y el intransigente localismo cultural criollo.

El filósofo Hegel intuía de manera muy sana que el espíritu se presenta de primera forma a través del arte y luego se concretaba a través de otras dimensiones del Ser histórico. Los filósofos de la escuela de Frankfurt supieron alimentarnos con su trabajo: la crítica cultural nos ayuda a oler la fragancia del futuro y criticar sin consideraciones nuestro presente.

 Si algo hay de cierto en eso, la película nos demuestra la manipulación del poder y su oficiosa tarea de convertir en un bien de capital incluso los desastres naturales, manipulando de forma populista su egoísta conveniencia  convertida en interés de la mayoría.  Eso es presente. El futuro es su intensificación.

A través del hecho hipotético de la caída de un cometa de 14 kilómetros en la tierra (¡que precisamente caería en las costas de Chile y se expandería por todo el planeta!), nos invita a pensar la banalidad con que la política capitalista convierte una amenaza en lucro y fama, además de mostrar la dependencia y subordinación del saber científico frente al poder del capital (cosa que esta esta altura resulta evidente).  

Por otra parte, resulta interesante ver al joven Dicaprio (sex simbol y protagonista de conocidas historias de amorsh), interpretando el papel de un científico gordilflón que reniega de su familia, hipnotizado por la fama y la libidinosa figura de una periodista de las grandes cadenas internaciones de noticias farandulezcas, una heroína de la sociedad del espectáculo. Una medusa que al mirarla destruye todos sus principios y valores… ¿Quién no se ha sentido tentado?

Finalmente la película es una ficción, pero contiene muchos impulsos del presente, tanto para los explotados como para los explotadores. Incluso para los viejos que cierran la puerta y deciden “no politizar a sus familias para resguardar los empleos” como aparece en el epígrafe de este artículo.      

No les recomiendo necesariamente que contraten Netflix o que se consigan una cuenta para ver esta película, pero estoy seguro que muchas personas a su alrededor la comentarán y seguramente la respuesta más frecuente será “no veo weas yanquis” (especialmente los exóticos talibanes de la cultura).
Espero haber ofrecido una interpretación inspiradora (no la única) para quienes tengan la intención de convertir una mera conversación miscelánea en una posibilidad de criticar al imperio, “mirar hacia arriba”, mostrar el rostro salvaje del egoísmo capitalista y su declarada guerra contra la humanidad.