¿Dónde se juega el poder político hoy?

Por Jorge Cisternas, Equipo, Nuestra Trinchera.

Chile: Constituyente, elecciones, ¿y un próximo giro a la izquierda? |  Nueva Sociedad

Por Jorge Cisternas, equipo Nuestra Trinchera.

Una de las consecuencias de la llegada de Boric a la presidencia es la connotación que tendrá la Convención Constitucional en el escenario político y también la relación que se establecerá entre esta, el Ejecutivo y el Parlamento. Las tres concentraciones de poder político que coexistirán en el presente período.  

Era evidente que ante una eventual llegada de Kast y la ultraderecha en el poder, el órgano constituyente tendría pocas posibilidades de éxito, considerando la conocida y evidente odiosidad de estos sectores hacia la convención, la cual, por una parte, se ha valido del poder mediático para desprestigiarla, y por otra -desde dentro de la misma- ha intentado corroerla a través del boicot permanente ejercido por la camarilla Marinovich-Cubillos y compañía, ese grupito que no alcanza a tener ni un tercio dentro de la misma.  

Sin embargo, ahora la cosa es distinta, y su reducto de apertrechamiento será el congreso, esa reliquia de los conservadores que sigue existiendo gracias al sistema electoral. No es casual que el derrotado Kast en su discurso fúnebre eleccionario haya indicado que será el lugar desde donde harán oposición e incluso indicara que  “es un equilibrio que le va a servir a Gabriel Boric para gobernar”, intentando de invocar al espíritu más conciliador del presidente electo, y tratando de perpetuar al Boric de segunda vuelta.

Sin embargo; la palabra está empeñada.

Conocida es la postura del presidente electo en relación a proporcionar todos los medios para que el trabajo de los convencionales sea exitoso y pueda surgir desde aquí, una nueva carta magna para un Chile más justo y bla bla bla. Más que mal, se trata del fruto del acuerdo alcanzado en el Pacto de Paz, que tuvo al propio Boric como uno de los protagonistas, lo que le costó la impopularidad frente a muchos y muchas, incluso dentro de las filas de su propio partido, lo que no impidió eso sí, que se volvieran a cuadrar una vez elegido como presidente (el ejemplo más claro de esto es el alcalde de Valparaíso Jorge Sharp)

Por otra parte, conocida es también la frase de Boric en campaña presidencial: “seré un presidente que cuando termine su mandato tendré menos poder con el que comencé”. En este sentido, vale la pena preguntarse: ¿hacia dónde está mirando Boric para trasladar ese poder? Lo lógico sería que dicho poder responda a una lógica de descentralización y empoderamiento de las comunidades donde la convención pueda servir de complemento y pueda asegurar constitucionalmente este movimiento.  

Muy distinta será la relación con el congreso, tanto por su carácter histórico como por su constitución actual.

A diferencia de la constituyente, el actual congreso nacional se rige por el sistema electoral que ha perpetuado el duopolio político; no se rige por paridad, no asegura escaños para pueblos originarios ni facilita la incorporación de independientes. En este sentido, la causa del alabado equilibrio parlamentario estriba en gran medida en el dispositivo electoral, el que asegura un equilibrio en trote perezoso para que todo siga igual.

En virtud de esto, no será el congreso el organismo de poder donde se pueda avanzar en el aseguramiento de derechos para el pueblo, más bien servirá de pertrecho para las fuerzas conservadoras.

La Convención constituyente, por su parte, no segura tampoco un avance a las demandas populares, pero es un terreno abierto de disputa que puede incluso tomarse las palabras de Boric y disminuir su propio poder ejecutivo.

 Especialmente decisivos son estos días cuando se discute el sistema político que adquirirá la nueva república, instancia en la cual hasta el estadista Ricardo Lagos ha ido a exponer frente a la asamblea (esperemos que no haya recomendado un estado concesionario).

Reflexión aparte:  

El último periodo político nos ha enseñado que aunque se considere como fundamental la construcción territorial y de base, no se puede descuidar la disputa en los espacios políticos formales, ya que estos existen de una manera tan contundente que marcan el itinerario y las condiciones en las que juega la construcción popular. Ya sabemos que la convención constituyente fue producto de una negociación por arriba, que no es la Asamblea Constituyente con la que soñamos, pero es realidad afectiva y no la idea que se resiste a morir en nuestras cabezas mientras nos tratamos de convencer unos a otros de quien es más anticapitalista y chismorreamos en contra de quien consideramos menos revolucionarios.