Cuatro reflexiones sobre la coyuntura chilena.

PaulaDaza2
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Por Roberto Bermudez Pellegrin

1.- En toda disputa política, la responsabilidad la tiene quien conduce. Jamás el pueblo que acompaña, empuja y/o padece.
Las fuerzas de cambio, antineoliberales en la cuna del neoliberalismo con volcánico Estallido el 18 de octubre de 2019, quienes pusimos los cuerpos y las almas todas por el triunfo de la Rebelión, y por la sobrevivencia en la Pandemia, obligados a elegir una salida que pactaron nuestros verdugos con quienes decían ser nuestros representantes y no podían pisar la plaza, pero dejando claro que la Constitución Militar debía morir.
Quienes llenamos todas las calles encuestas plazas redes murallas votos exigiendo la caída del tirano Piñera al que el Parlamento ha salvado tres veces en dos años, no tenemos la culpa del engaño del Pelao Vade, la operación Diego Ancalao, el show de la Lista del Pueblo, el naufragio de la Vocería de los Pueblos, la derrota de Jadue, la votación de Parisi, o el fenómeno Kast.
La responsabilidad primera de la derrota de Boric la tiene Boric, que le ganó a Jadue y es el candidato que debe convocar a una mayoría de votantes para derrotar a las fuerzas reaccionarias en el campo electoral.
Esa responsabilidad inicia cuando Boric y el Frente Amplio (FA) generan la primera ruptura del Movimiento Popular arrogándose su representatividad y pactando la impunidad y el continuismo el 15 de Noviembre de 2019. Continúa con el FA hegemonizando la Convención Constitucional, aliándose con el Partido Socialista en desmedro de los convencionales populares y el Partido Comunista (PC). Éste, al perder confiado una primaria innecesaria, genera la tercera ruptura con octubre al ser derrotado el único candidato con mediana legitimidad popular.
Así que si Gabriel Boric y Apruebo Dignidad (FA/PC) integraron o absorbieron o sumaron (o derrotaron o cooptaron o diluyeron) a las fuerzas de cambio, son ellos quienes deben explicaciones por ser tan pencas que la gente prefiere votar por un papito corazón o un nazi o, abrumadoramente, mantener su raja igual que los últimos diez años de circo electoral. No es culpa de las feministas ni de los antifascistas que la propuesta política sea tan similar al día de la marmota. No es culpa del peoneta de la Coca-Cola en Calama, ni de la temporera de San Clemente, que sea hoy imposible diferenciar a la Concertación que gobernó 30 años, del Frente Amplio que supuestamente la liquidaría. Lo que si queda meridianamente claro, es que si Boric llega a ser presidente de Chile, será decisivamente por la masiva movilización de conciencias en contra de la ultraderecha, y no por apoyo al candidato de los hijos sanos de la concerta.

2.- Repitiendo lo que dije hace seis meses: “Me parece super charcha el abstencionismo, creo en las elecciones como mecanismo válido para defender procesos, para generar cambios profundos, y para evitar intenciones beligerantes como golpes de estado y guerras civiles. He tenido la suerte de verlo en práctica en la elección de autoridades de los caracoles zapatistas en Chiapas, así como en Cuba con el proceso de actualización económica de la década anterior y en la desactivación de la guarimba venezolana del 17. Todas con alta participacion. Entiendo que esa vía también fue la que nos llevó más cerca de la victoria, con los triunfos electorales del movimiento popular entre septiembre del 70 y marzo del 73”.
Lo anterior no quita que en Chile durante mucho tiempo (30 años, los 20 anteriores no había elecciones) el ejercicio electoral se redujo al chantaje del mal menor, entre una izquierda que pasó a ser de centro izquierda, luego de centro, luego de centro derecha y luego de derecha, y una ultraderecha que pasó a ser de derecha.
Finalmente, se hizo público el financiamiento que hacían las grandes empresas a la derecha que venía de la izquierda y la derecha que venía de la ultraderecha. Ese ejercicio electoral entonces, dejó de ser una herramienta que sirviera para resolver la vida en sociedad, para más de la mitad de las personas.
En las primeras elecciones posteriores a la Revuelta, con las condiciones democráticas arrancadas al Parlamento posterior al 15N (paridad, escaños reservados, listas de independientes) y la promesa de enterrar la Constitución Militar, en 2020 la esperanza en el voto aumentó incluso hasta llegar a la mitad del padrón, y elegir casi un tercio de la Convención desde sectores populares, y un poco más de la mitad identificados con las fuerzas de cambio.
Frente a tal amenaza, la clase política en su conjunto decidió asegurar las condiciones para que en el Parlamento se siguieran eligiendo exclusivamente los partidos de los 30 años e independientes con plata.
Hoy, que el voto se hace necesario para impedir (o al menos retrasar o disminuir) el ascenso institucional de la ultraderecha, y poniéndose la capa de esos 500 mil votos del plebiscito que no acudieron a la presidencial, es cada vez más difícil defender por izquierda a un candidato que prefiere juntarse con Carmen Frei que con Fabiola Campillai. Y no porque ‘estemos con Fabiola’ (que si), sino porque se sigue apostando a la votación de la DC antes que a la votación del octubrismo.
La opción ofrecida es votar por los 30 años contra los que Chile se alzó, para evitar el pinochetismo en su versión más radical. Con el candidato no pinochetista prometiendo al día siguiente de la primera vuelta más mano dura, policía y cárcel, apuntando a un electorado que además, en esos temas, seguirá prefiriendo al securitario original por sobre la copia.
Sólo imagino tener que votar por Patricio Aylwin en 1989, artífice y protagonista del Golpe de Estado de 1973, como encrucijada similar.

3.- El ascenso del fascismo, como ha sido ampliamente discutido, tiene su punto de origen en el reconocimiento de dicha ideología como orden moral no reñida con la sociedad. La sabida tolerancia de la intolerancia. Afirmar que ‘fue el único que me llamó para saber cómo estaba cuando estuve enfermo’, como dijo Boric, o hacer un punto de prensa conjunto para decir que hay partes de su programa de salud que son buenos, como hizo la flamante futura ministra de salud, que le quitó la atención a los presos de la revuelta, Izkia Siches. Tanto Gramsci que leyeron los progres y no entendieron nada. Mucho Kautsky, poco Lenin.
Al fascismo no se le humaniza, se le combate, y esa es una lección que sacó la humanidad sobre 60 millones de cadáveres. En absolutamente todos los escenarios, se le debe achicar la cancha. En el discurso, el enfrentamiento callejero, las redes sociales, las urnas y el campo de batalla.
Eso no significa que, una vez legitimado por la legalidad burguesa, en todos los escenarios haya que hacer lo mismo. Las burlas que se le gritan al bando contrario en un enfrentamiento callejero no es la forma de tratar a un trabajador de 67 años jubilado trabajando al que hay que convencer de que no vote por el que le roba sus ahorros y los pone en paraísos fiscales, pero le ofrece seguridad contra la delincuencia y volver a los valores tradicionales.
En la táctica electoral individual, un 1×10 de toda la militancia, que cada militante de las fuerzas de cambio consiga diez nuevos votos contra el fascismo, nos probaría en cancha. En la colectiva, cada organización deberá ver desde dónde quiere hablar, a condición de que la estrategia esté dirigida a captar votantes nuevos, y no los que ya se sabe votarán contra el fascismo. Porque en la guerra de los votos, la consigna es convencer para vencer. Como mejor pueda cada quien, pero con efectividad comprobable.

4.-Sin duda, el combate al fascismo no acaba el 19 de diciembre, sino apenas tiene su primer episodio en el nuevo escenario, pero es claro que definirá las trincheras de cada lado. Confiamos en la victoria, y sabemos que ‘la victoria’ (el gobierno proimperialista de Gabriel Boric) no significará justicia ni igualdad, pues será tan débil como lo ha demostrado frente a los aprietes de la derecha con que gobernará y la ultraderecha que le constreñirá.
Seguimos teniendo la misma tarea. Aprovechar los espacios conquistados en municipios, gobiernos regionales, juntas de vecinos, Convención Constitucional y Parlamento, para proteger, empoderar y fortalecer el tejido social recuperado en aquel Octubre del 19, liberar a nuestros presos, conseguir justicia por nuestros muertos y sobrevivientes, arrinconar al fascismo y parir una opción real de conducción política nacional que ponga la Dignidad en el centro de las acciones y no de las consignas.
A partir del 20 de diciembre, la misión vuelve a centrarse en avanzar en la tortuosa auto-re-constitución del Movimiento Popular iniciada hace dos años. Piños de primera línea, brigadas de primeros auxilios, asambleas populares autoconvocadas, cabildos, listas electorales, ollas comunes y coordinadoras por justicia; comités de vivienda, organizaciones de mujeres y disidencias, de defensa medioambiental, de trabajadores precarizados, de gráficos, realizadores y realizadoras.
Y por último, de aceleracionista, si tan temprano Gabriel ya ha demostrado ser nuestro Kautsky, de nosotros depende que sea nuestro Kerensky.

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