No son los 2/3 ni los 3/5: es la disputa política e ideológica dentro de la convención (constituyente)

El pasado 14 de septiembre apareció en la Convención Constituyente la discusión en torno al quorum de los dos tercios. Esta discusión ya se había adelantado en varias ocasiones en el escenario político post revuelta popular. Por un lado, antes de la elección del pasado 15 y 16 de mayo, era la carta de garantía de los sectores conservadores para morigerar los acuerdos al interior de la instancia, por otra parte, desde la izquierda, este quorum era visualizado como uno de los candados que aseguraría la continuidad de la constitución pinochetista; una trampa derivada del acuerdo del 15 de noviembre 2020 y por esto se quiere cambiar a tres quintos.

Si bien, la correlación de fuerzas posterior a la elección de constituyentes, en el papel, hacía viable la posibilidad de que los sectores llamados progresistas contaran con los dos tercios (vamos por chile consigue sólo 37 de los 155 escaños), el tema parece ser algo más que una cuadratura matemática.

Y es que el origen de la convención no sólo radica en el acuerdo de cuatro paredes del 15 de noviembre en donde participaron mayoritariamente los/as presidentes de los partidos del orden, sino que es producto de la movilización popular que levantó entre sus consignas la necesidad de una Asamblea Constituyente. Este ha sido el principal argumento de los constituyentes que levantan la alternativa de que los acuerdos de la convención sean por mayoría absoluta (porcentaje de votación correspondiente a la mitad más uno de los integrantes).

Entre los argumentos de parte de los sectores conservadores se puede apreciar un sometimiento de conveniencia a la letra: “no somos nosotros los llamados a cambiar las reglas de los 2/3 […]. Esta Convención no tiene plenos poderes y no puede hacer y deshacer a su antojo”, vocifera Bernardo Fontaine (Ind. RN) repitiendo el mismo rosario momio que hemos escuchado en boca de periodistas, comentaristas, opinólogos y agentes del conservadurismo.

La convención para los/as hijos/as de Pinochet, es sólo un proceso formal por medio del cual se articula una modernización legal, un consenso para actualizar y aceitar los mecanismos de dominación que han existido desde siempre en el país, sólo con la particularidad de que ésta constitución, es aún más “democrática”, pues proviene del acuerdo nacional y es plebiscitada con La Gente.

Por otra parte, en el intento de rebalsar el pacto del 15 de noviembre, entre los sectores de la izquierda no mojigata, se anida la convicción de que el candado pueda abrirse y que la convención pueda convertirse a un proceso verdaderamente constituyente.

Es importante no olvidarse de estas y otras disputas que se presentan en la convención; ni por las presidenciales ni por el llamado “trabajo real” en los territorios, ni por el origen trucho del proceso puede ser ignorado este hecho político. No es casualidad que Piñera ya se esté refiriendo a temas que aún ni siquiera han aparecido en la discusión, como lo es la libertad de enseñanza.

La convención es un espacio de disputa política e ideológica, la discusión por los dos tercios es sólo el inicio de una contienda férrea que está por venir. Por esto es que importante prestarle atención a esta cuestión.

Hace un tiempo amplios sectores de la izquierda sentenciaban que se debía rodear la convención, en los hechos, los únicos que han rodeado la convención son los medios burgueses como la Radio Bio Bío y el Diario la tercera, y sólo lo han hecho para desprestigiarla. (Fin)

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