Prisioneros de guerra

LA GUERRA QUE NOS DECLARARON, LA PAZ QUE NOS FIRMARON Y LA PANDEMIA QUE LOS SALVÓ

Desde el mismo 18 de Octubre de 2019, los aparatos represivos policiales y militares (mandatados públicamente por el presidente para la Guerra declarada el 20) se dejaron caer con fiereza sobre los sectores populares, que reaccionamos con la rabia acumulada por años de humillaciones. Baleados, quemados, torturados, sexualmente vejados, mutilados, asfixiados, cegados, secuestrados. Nuestros cuerpos sufrieron la saña del Poder.

Distinto de otras, esta agresión estatal fue respondida con masividad, valentía y arrojo, asegurando que “no estamos en guerra” pero tampoco en paz. Las agresiones fueron respondidas. Los símbolos del capital y su miseria espiritual fueron atacados. Farmacias, AFP, iglesias, centros comerciales. Saqueados y destruidos, rayados con verdades profundas como “no era depresión, era capitalismo”, “no + SENAME”, “lucha como marica”, y el ya mítico “ACAB”. Las plazas fueron tomadas, y las estatuas de los conquistadores derribadas.

Los partidos políticos institucionales (salvo el Partido Comunista), ninguno de los cuales pertenecía en esta Guerra al bando agredido, firmaron en noviembre un Acuerdo por la Paz Social en que no se hace mención alguna a los atropellos cometidos por el Estado, menos aún a los prisioneros de la Guerra, perpetuando ésta a través del endurecimiento de las leyes contra la protesta social y negando cualquier tipo de justicia a las personas sobrevivientes de la violencia, sosteniendo además en el poder a un criminal de Lesa Humanidad.

El Poder, habiendo retomado el control del país gracias a la Pandemia, respondió como anhelaba desde octubre. Se re-impuso el Control Militar con Toque de Queda sobre el territorio nacional a través de un Decreto de Emergencia que ya lleva 17 meses, aprobado por todos los partidos del parlamento, utilizado también para despedir y sobreexplotar trabajadores con total impunidad, transferir el peso de la crisis al bolsillo de la población y enriquecer a los más ricos, entre ellos Piñera quien aumentó en 300 millones de dólares su fortuna y ya roza los 3 mil millones, cuarta fortuna del país, sólo superado por Luksic, Ponce Lerou y Paulmann. 

EN LA CANA

La situación en la cárcel se endureció. Ante el riesgo de contagio que significaban las medidas de la tiranía y el brutal hacinamiento penitenciario, los presos chilenos se autoimpusieron el fin de las visitas, para cuidar a sus familias y a ellos mismos. Motines en Puente Alto y Santiago 1 consiguieron la implementación de zonas de aislamiento de pacientes. También, que el Estado se comprometiera a facilitar la comunicación con celulares, y realizar exámenes de PCR por sospecha clínica. Ambas se cumplieron de forma escandalosamente insuficiente. 

Contra la recomendación internacional de preferir medidas cautelares distintas de la prisión preventiva, evaluar indultos y sustitución de condenas, fue el mismo Ministerio del Interior quien apeló cada vez que un tribunal fallaba a favor, apelando incluso a las absoluciones de inocentes inculpados por montajes policiales. Distinto fue el caso de criminales de Lesa Humanidad, liberados por Indulto Presidencial del Hotel Punta Peuco.

Luego de apoyar a los presos sociales en marzo posterior al motín en Puente Alto, así como asistir durante un mes a la ex-Penitenciaría (donde no existía un solo médico en medio del invierno pandémico), siempre con el apoyo y colaboración del Departamento de Derechos Humanos del Colegio Médico, logramos el 6 de agosto de 2020 ingresar por primera vez a visitar a los prisioneros secuestrados por Piñera en la cárcel privada Santiago 1. 

Este recinto, licitado por Lagos y puesto en marcha durante Bachelet 1, es administrado (al igual que Valdivia y Puerto Montt) por el Grupo 3, fachada de la constructora francesa Vinci, la que a su vez es controlada por el grupo financiero estadounidense Black Rock, la empresa de gestión de activos más grande del mundo. 

Construido para 3 mil internos, aumentando su capacidad por decreto a 4 mil, cobra 10 UTM (alrededor de $533 mil, U$700) por preso extra al mes. Durante la Pandemia, la población nunca ha bajado de 4 mil 500. En mayo 2021, por 4 911 presos, el Estado pagó a la empresa $485 millones en multas. Este dinero no se reinvierte en mejoras, por lo que la realidad es de hasta 6 presos en una celda de 3 x 3, con 17 horas de encierro.

Los nuestros eran alrededor de 50 entre los agrupados en el 12 y quienes estaban repartidos en otros módulos. Su edad promedio andaba por los 22 o 24 años, y llevaban casi todos entre 7 y 9 meses secuestrados. Estaban sobreviviendo como mejor podían, a veces en grupo y las más de las veces solos, a la realidad “canera”. Habían sufrido además del hacinamiento y los malos tratos de sus carceleros, el recibimiento de los presos sociales, quienes aprovechando la mayor experiencia intentaron someterlos de forma individual a condición de servidumbre. La dignidad se debió ganar en peleas a cuchillo o mano limpia. Siempre han sido considerados, por Gendarmería y la población general, como prisioneros políticos (“del estallido”, “molotovs” o “mechas”).

Su acceso a la salud era sencillamente nulo, pues a las enfermerías de los módulos sólo pasan técnicos paramédicos a entregar remedios para pacientes crónicos, teniendo que presentar una emergencia vital para ser llevado a la enfermería general, la que tiene habilitada una “sala de espera” donde generalmente eran golpeados o asaltados por otros internos. Así depresiones severas, intentos de suicidio, fracturas, traumas oculares previos, perdigones alojados, diabetes descontrolada, cáncer y otras afecciones de gravedad, eran absolutamente ignoradas por Gestión en Salud SpA, la empresa encargada del Área de Salud Ambulatoria de la prisión (ASA). 

Respecto del COVID, la empresa se deslindó de toda responsabilidad, teniendo que hacerse cargo Gendarmería de conseguir los pocos PCR que se han realizado, así como aplicar las vacunas que, siendo población vulnerable y priorizada, hasta Agosto la segunda dosis de la vacuna, llevaba más de 2 meses de retraso. Las condiciones de aislamiento de sintomáticos o sospechosos eran (son) inenarrables, con tres personas compartiendo espacios cerrados, sucios y húmedos de 3 x 4 mts con baño incluido, en régimen de encierro 24/7.

Pese a ofrecer colaboración, enviar informes y sostener reuniones con la empresa, Gendarmería y el Ministerio de Obras Públicas (a cargo de la licitación), nunca hubo voluntad ni menos acción al respecto, logrando como única solución recursos judiciales interpuestos por los abogados (que resolvió parcialmente Gendarmería en hospitales externos) o directamente realizando nosotros las atenciones de salud que le correspondía al ASA.

POR LA LIBERTAD

Hoy, los muchachos muestran mayor cohesión interna, respetando las individualidades de cada uno porque cada quien ve cómo camina la cana, pero apoyándose y golpeando juntos para actuar. Pese al ninguneo de organizaciones que dicen representarlos pero se niegan a conversar con ellos, la criminalización de la prensa hegemónica y los tres poderes del Estado, la utilización que pretenden hacer los que ganan elecciones usándolos como consignas. Pese a las condiciones de pobreza, violencia y narcotráfico brutalmente amplificadas en la cárcel. Pese a todo sonríen, abrazan, cantan, y no pierden la esperanza creadora con que buscan su libertad.  

En todo Acuerdo de Paz lo primero es exigir la entrega de todos los prisioneros. A quienes nos la declararon no podemos exigirles nada pues se retiraron como los cobardes que son, sin siquiera admitir que la habían declarado. Al Poder sólo se le pueden arrancar victorias a través del enfrentamiento y no esperar nada de él. 

Aquellos que precisamente con sus acuerdos han mantenido en pie esta tiranía neoliberal gobernada por un criminal, le deben bastante más que una visita de farándula a los cientos de aún secuestrados, al medio millar de mutilados, y a las decenas de familias sobrevivientes a los crímenes de Estado.

Nuestros prisioneros deben ser inmediatamente liberados. Los criminales de Estado deben ser juzgados y castigados. Sólo así podremos construir una sociedad que mire al futuro sin las heridas del pasado, y dar verdaderas garantías de no repetición. De lo contrario, transitaremos el mismo camino de nuestra historia reciente, plagada de impunidad, pactos de silencio e injusticias. Para eso, no estamos disponibles.

Devuelvan a los cabros. Juicio a los Cuervos. Amulepe Taiñ Weichan 

Movimiento Salud en Resistencia

Sección Prisión

Septiembre 2021