A 49 años, memoria viva y activa

Llegamos a septiembre, mes que cada año nos remueve ¿cómo no? Si a 49 años del 11 de septiembre de 1973, cuando se realizó el golpe de estado encabezado por Pinochet, no hay justicia, no hay reparo y no hay verdad.
No se trata solo de reconocer las violaciones a DD.HH, ni de aceptar los crudos y distópicos relatos, muchos menos de comprender que lo que se sembró durante 17 años hasta hoy nos posiciona como uno de los países ejemplares al servicio del sistema, sino, más bien, de todo ello en su conjunto ha teñido de sangre obrera nuestra historia hasta el hoy.

Como medio de prensa, queremos recordar a cada une de les compañeres que estuvieron donde había que estar, con el mejor homenaje, aprender y seguir luchando, pues aunque nos quieran hacer creer que la dictadura acabó con un papel y un lápiz, sabemos bien que solo cambió de rostro, los pactos de silencio siguen, causas abiertas por familias de detenidos desaparecidos, ejecutados y/o torturados que durante años no han sido prioridad, impunidad y cárceles de lujo para unos cuantos “condenados”.

En términos de organización política y económica tenemos un claro sistema neoliberal, ejemplo claro es la octava suma urgencia que ingresó el gobierno hace unas semanas al senado para discutir el TPP-11, un tratado de comercio que viene a proteger, blindar y mejorar la maquinaria con la que operan las empresas transnacionales en nuestro y otros países latinoamericanos. Si entramos en materia de seguridad social, podemos recordar como la dictadura privatizó la salud, educación, vivienda, servicios de protección a la infancia, transporte y otro sin fin de elementos que hasta hoy condicionan nuestro acceso a elementos básicos en el desarrollo de cualquier sociedad. A nivel estructural, la represión sigue estando a la orden del día, el proceso de revuelta popular iniciado un poco antes del 18 de octubre deja a más de 500 personas mutiladas (trauma ocular), 274 casos de violencia sexual policial consignados en fiscalía, decenas de asesinados y casi un centenar de presos políticos.

Resulta un poco hostil pensar en que todo lo descrito anteriormente no es más que un análisis superficial y que mientras más nos adentramos, más comprendemos que la dictadura fue una operación política con objetivos claros y en efecto, ampliamente cumplidos, pero a la vez, resulta bastante clara la tarea, más allá de una consigna, es posicionarnos cada día con una memoria viva y activa. Porque somos hijes, nietes, compañeres que hemos heredado un hilo histórico que parte mucho antes del 73, que intentó ser cortado a punta de balas pero resistió y debemos honrarlo recordando que elles no solo estaban contra la dictadura, estaban contra el sistema neoliberal, capistalista y todo aquello que denigrara a la clase trabajadora, al pueblo pobre y a quienes estamos en la periferia, en el liceo, en la fábrica, en la olla común, en la asamblea, en la calle.

El llamado en este septiembre a recordar, a construir, a planificar, a encontrar ese eslabón que no está lejos, que vive en los recuerdos de nuestros compañer@s, en los archivos de las organizaciones, en las casas aún de pie que fueron centros de tortura y otras tantas, hogares de resistencia, en los memoriales, los murales, las cartas, los nombres y rostros de quienes hoy gobiernan, saber quienes son, no confiar y actuar, actuar en nombre de les que estuvieron, les que están y les que vendrán.