sobre las elecciones y el actual escenario político

Por Editor LTB

Es innegable que el escenario político, después de las recientes elecciones, ha cambiado de manera abrupta, tanto en la redistribución de poder en los municipios como en la composición de la convención constituyente. Por una parte, en el caso del poder local-municipal las cifras muestran un innegable giro hacia conglomerados del PC, Frente Amplio, movimientos sociales e independientes. Sin ir muy lejos, Chile Vamos se quedó con 22 de los 52 sillones municipales de Santiago, perdiendo 8 respecto a las elecciones anteriores.

Por otro lado, la elección de constituyentes, además de ser una votación inédita en la historia del país (no por la cantidad de votantes sino por el carácter vinculante de esta) arrojó resultados inesperados que no estaban en las cuentas de nadie. La primera y más grande sorpresa la dio la Lista del Pueblo, que irrumpió en el escenario político electoral llevándose una cantidad considerable de constituyentes electos (27), otro tanto hicieron los independientes (27) y el conglomerado Apruebo Dignidad (28), reposicionando al PC y al Frente Amplio como actores protagónicos en cuanto a lo electoral se refiere.

Así, las tesis del “gran engaño constituyente”, que se apoyaba en la imposibilidad de superar los dos tercios, si bien no se desploma del todo (hay que ver que pasa en la cancha), ahora parece ser menos verosímil, en la medida que se presentan mayores posibilidades de franquear ese obstáculo para superar en la convención a los sectores de derecha (incluso el poder de veto del tercio podría favorecer para mantener a raya a los sectores más identificados con el neoliberalismo).

La ex concertación, agrupada mayoritariamente en la lista del apruebo (25 electos), pasa a cumplir un rol secundario y los esfuerzos de sus principales partidos (PPD, DC y PS) se concentran más en mantenerse con vida que en disputar el poder; como zombies se les ve en los noticieros, dando declaraciones, vienen de un lado a otro buscando alianzas fallidas sin poder concretar una táctica clara en un innegable vacío existencial y político, donde, al parecer, los 30 años de confort y buena relación con el empresariado le han pasado la cuenta.

Finalmente, la reserva de poder político de la derecha clásica (Chile vamos), otorgado por la mayoritaria desidia y desinterés de muchas décadas, hoy parece concluir. La pérdida de municipios, el descrédito general y el fracaso en la consecución del tercio en la convención (sólo 37 electos de los 52 que necesitaban) los han dejado grogui, pero persistentes, no escatimarán en esfuerzos para obstaculizar a como dé lugar los cambios que prometen las tendencias más progresistas. Es esto, en términos generales, lo que ocurre en cuanto al reordenamiento político postelecciones.

Los límites del proceso.  

Pero este capítulo, aunque importante, es solo un momento de la lucha de clases. Es necesario tomar una cierta distancia y analizar la correlación de fuerzas que subyace al acontecer histórico. Sabemos que el bloque en el poder no escatimará en esfuerzos (a falta de la hegemonía política) en buscar otros mecanismos, quizás menos “democráticos” pero más directos para mantener sus privilegios, haciendo uso de su poder económico para golpear cualquier avance de las demandas populares. La guerra comienza a desatarse y el mismísimo día siguiente de las elecciones se anunciaba en los noticieros la caída de la bolsa, el alza sostenida de los precios de las bencinas y la subida del dólar. Desde las expresiones más viscerales de modelos tiradas a políticas fracasadas hasta intelectuales del Mercurio, expresan el odio más rotundo a cualquier posibilidad de avance del pueblo. Una mención honrosa merece Yuyuniz Navas quien a través de su Twitter indicó lo siguiente: 

“La ciudadanía no se ha dado cuenta del daño que la izquierda le ha hecho al país. No les creo, ni confío. Hasta hoy no han hecho nada por las necesidades del pueblo, y tampoco lo harán en un futuro #IzquierdaMiserable”

 Esta performance discursiva no es la voz autorizada de la clase dominante ni tiene el peso de un presidente de la CPC o de algún ministro de Piñera, sin embargo, expresa de manera desinhibida el temor de la clase dominante en el nuevo ciclo que se abrió con el 18 de octubre y que incide sin lugar a dudas en las recientes elecciones. 

LO QUE SE VIENE…

El período que se avecina requerirá de una mirada política híbrida, donde la atención debe estar puesta en lo institucional (municipios, convención constituyente, parlamento, etc.) y también en la capacidad de movilización de los distintos sectores que, dada la realidad de los últimos acontecimientos electorales, tienen la capacidad de jalonar las decisiones que van surgiendo en el espacio institucional. Un ejemplo claro de esto han sido las contundentes acciones de presión llevadas a cabo por los portuarios a propósito de los retiros del 10% y contra los berrinches de Piñera ante el tribunal constitucional. Dicha presión ha resultado fundamental para indicar una fórmula que permita profundizar el poder, conectarlo con la coyuntura y presionar a lo institucional.

 Pero no basta con jalonar al poder político institucional desde una masa informe como una sombra convertida en número a la hora de las elecciones.

Desde la  contingencia se ha concentrado la atención en la contienda electoral, pero esto no es más que la expresión de un momento o la fotografía de un fenómeno más profundo que tiene que ver con los hechos materiales y la posibilidad de ruptura ante el poder existente.

Por otra parte, no podemos seguir caminando sin tener presente  que el detonante de este proceso ha sido la más grande movilización de acción directa conocida en nuestra historia. El llamado despertar que legitimó la violencia callejera, las barricadas y la primera línea. Ese 18 de octubre que socavó materialmente los símbolos y grandes palacios de la democracia burguesa, la que costó vidas, mutilados y encarcelados.

Desde este innegable hecho histórico nace un nuevo período de la lucha de clases, no desde los sillones parlamentarios.

Desde aquí debe nacer la otra política, la que no se ocupa de cuentas, tercios o acuerdos tácticos electorales. Es el nuevo vacío histórico que se debe llenar, el avance de los sectores que buscan cambios y transformaciones a través de una táctica electoral e institucional se debe al agotamiento de los partidos tradicionales y a la falta de un referente político que busque la transformación por otros medios. 

Bien sabemos que el camino de lo institucional es insuficiente y que se necesita de otros esfuerzos para disputar el poder, pero esta constatación no otorga   superioridad moral alguna frente a quienes se embarcan en proyectos electorales , por el contrario, deberíamos buscar la forma de conectarnos en un proyecto común  reconociendo la multiplicidad en el método, o dicho de otro modo: renunciar al principismo (tanto de “revolucionarios” antielectorales como de los “progres” ultraelectoralistas).

La contingencia así lo requiere, sin ir más lejos, es hoy  necesario exigir con unidad mediante la presión social y la protesta, la libertad  general sin condiciones para lxs presxs de la revuelta, juicio y castigo para Piñera y todos los asesinos del pueblo.