Pichikeche


La tarde del jueves 7 de enero, en Temucuicui, región de la Araucanía se llevaba a cabo el juicio de sentencia para los homicidas de Camilo Catrillanca, del cual resulta culpable para 8 ex funcionarios de carabineros y un abogado, tanto obstruir la investigación como por homicidio consumado en el caso del comunero y homicidio frustrado en relación al adolescente que se encontraba junto a Catrillanca.
A la lectura de sentencia, como el sentido común indica, asistiría la familia de Camilo, su madre, su esposa y su hija, las tres son intersectadas por un operativo PDI, que toma detenida a las dos adultas y la Wakolda Catrillanca (hija) de tan solo 7 años, quien es reducida en el piso y trasladada por la fuerza por dos funcionarios.
La PDI rápidamente desmiente el hecho, acto descarado considerando que existe evidencia fotográfica.
No bastando, en paralelo empieza un allanamiento a la comunidad y hogar de la familia utilizando fuerza de armas y gases represivo
La jornada terminó con varios heridos, casas parcialmente destruidas e impunidad en lo relatado.

Quiero detenerme en Wakolda, niña, mapuche, quien a su corta edad carga una inmensidad de injusticias que nadie, menos un infante, debiese conocer. Pero la verdad, es que no es solo ella, lo ocurrido es la realidad para NNA (niñas, niños y adolescentes) del Wallmapu, quienes crecen con la violencia indirecta y directa del Estado.

Resulta evidente y necesario reflexionar las infancias y posicionarlas como sujetos políticos y sociales que deben ser reconocidos como tal en la sociedad entera.

No puede ser concebible que pase ante nuestros ojos sin respuesta la detención arbitraria de una niña de 7 años, que un adolescente de 16 reciba más de 100 perdigones en el cuerpo, o que una recién nacida caiga al piso porque su madre pare engrillada en una celda sin asistencia. L@s NNA y sus dignidades no pueden quedar al criterio de un juez, que solo tal vez, haga algo de justicia, no puede quedar únicamente en manos de sus cuidadores que lógicamente, no tienen poder sobre estás situaciones, no pueden quedar al alero de las instituciones, que históricamente los han maltratado, vulnerado, torturado, negado su identidad, derechos y forma de relación con la sociedad, y no, no es producto de falta de conciencia, es una decisión política, que oculta -a mi parecer- la miseria máxima del capitalismo, una infancia pobre y violentada que no les es funcional, que no les sirve, que necesitan esconder a como de lugar, porque despertaría la indagación del pueblo y lo están logrando, es tan hermética la violencia que sufren NNA que habitualmente se pasa por alto, desde el SENAME y Wallmapu, a las poblas. Y es que estamos en deuda, hemos naturalizado en ellos y en nosotros las múltiples expresiones de transgresión a la infancia que dejan en claro su categoría de personas de tercera clase, no problematizamos la falta de tiempo, producto de la jornada laboral, para estar con nuestros niños, olvidamos que el sistema educativo empastilla y diagnostica irresponsablemente desde los primeros niveles de escolarización, pasamos por alto que cientos de infantes no tienen acceso ni reconocimiento a su cultura, idiomas, creencias y cultos, nos desconectamos, realmente, de todo lo que golpea y marca la infancia obrera, indígena, migrante, porque no los escuchamos, no los acompañamos. Creemos, en general, que la infancia es privada, es labor de cada grupo familiar, es menos importante, “son solo niñ@s” y NO, la infancia debe ser trabajo y conciencia en cada territorio porque NECESITAN adultos y adultas a la altura de sus necesidades, de sus mentes, de sus luchas,

para que nunca más nacer pobre, mapuche o “sin papeles” sea sinónimo de condena y exclusión. Para que nunca olvidemos que existen, viven y resisten.