“De tripas hacemos corazones, y de nuestras penas y rabias hacemos un carnaval con características de protesta y denuncia”

ENTREVISTA REALIZADA POR CARLOS

Emerson Leiva Fritz es Profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales. Vive en la población El Pinar, San Joaquín. Participa danzando en el colectivo Tinkus Legua y toca bajo en la banda La Terrible.

¿Qué opinas de los modelos pedagógicos del Mineduc?

Desde la experiencia que he tenido tanto de profesor de aula como de UTP, puedo decir que el Mineduc propone un enfoque constructivista en el discurso y los documentos, pero que en la realidad de las comunidades educativas, ese modelo se pierde y se difumina entre las presiones del sistema sobre las escuelas en torno a la cobertura curricular, las pruebas estandarizadas SIMCE y PSU, y todas las formas de “rendiciones de cuentas” que se han ido inventando por los ingenieros comerciales y abogados, que son los tecnócratas y supuestos expertos que ponen desde los gobiernos de turno para dirigir el Mineduc.

Este hecho no es menor, ya que da cuenta de las enormes contradicciones internas de un sistema educativo en el que no hay dialogo entre sus partes, sino solo directrices que emanan del olimpo de los expertos neoliberales en educación y sus posgrados en “liderazgo” y “acountability”.

 Pero lo más preocupante es que la discusión sobre modelos pedagógicos que implementamos en las escuelas muchas veces ni siquiera se da. Se ponen rimbombantes definiciones pedagógicas para rellenar los PME (proyectos de mejoramiento escolar, ley SEP) y los PEI (proyecto educativo institucional) de las escuelas, pero se llenan los espacios reflexivos de consejos de profesores solo con informaciones administrativas, o se presiona a profesores por parte de directivos y sostenedores para que las discusiones sean sobre lo importante: los puntajes de SIMCE para que no cierren la escuela. 

Pareciera ser que los profesores y profesoras estamos tan ocupados y reventados, que hasta nos quitan las ganas de discutir profesional-política-éticamente los modelos pedagógicos de las escuelas.

Sin embargo, siempre es bueno recordar que el Curriculum en Chile se declara flexible, y que cada comunidad educativa puede levantar un PEI con propuesta curricular y modelo pedagógico propio. Esa posibilidad ha sido ampliamente explotada por las escuelas de las clases dominantes, pero poco explorada por escuelas que trabajan con sectores populares. Incluso hay comunidades mapuches que han dado pasos gigantes en el sentido de generar proyectos educativos propios, con producción curricular comunitaria y modelos pedagógicos consensuados y pertinentes, como la Kom Pu Lof de Lago Budi, Lafkenmapu.

¿Cuáles han sido los autores que has estudiado desde un plano teórico educativo?

Como todo profe en formación, me leí todo lo que me pedían en la universidad. Sin embargo, cuando conocí la obra de Paulo Freire me cambió el punto de vista. Luego fui profundizando en el paradigma sociocrítico y estudié harto la escuela de Frankfurt (Habermas, Marcuse, Althusser), la pedagogía critica latinoamericana (Freire, Martí, Mariátegui) y gringa (Giroux, Apple, McLaren). Aunque ahora estoy cada vez más convencido de que incluso las teorías más críticas y liberadoras occidentales son también eurocéntricas, aunque las reinterpreten autores de acá. Por eso estoy estudiando más las formas tradicionales de enseñanza comunitaria de los pueblos originarios de este lugar del mundo, pues los saberes también tienen que ser descolonizados.

¿Cómo se puede abordar el contenido del libro Pedagogía del oprimido?

Con harta paciencia y reflexión, porque no es fácil de leer y digerir. Pero creo que lo más importante es comprender que los oprimidos del mundo somos sujetos históricos, y que no solo “padecemos” la opresión, sino que bajo ciertas circunstancias históricas somos parte de la opresión; y ahí está la dialéctica de Marx aplicada a Latinoamérica: y así como somos parte de nuestra propia opresión a través de lo que denomina como el “pensamiento mágico” y al recibir la “educación bancaria” de las clases dominantes, también somos esa fisura que posibilita su propia destrucción, a través de la “concienciación” que implica esta educación con fines de liberación a través de una lectura crítica del mundo que nos rodea y sus relaciones de opresión/liberación.  

¿Cuáles han sido los movimientos sociales más importantes del siglo XX?

Los movimientos revolucionarios en distintas partes del mundo: México, Rusia, Cuba y últimamente los zapatistas. Creo que han corrido los cercos de la historia de los últimos siglos de explotación capitalista en el mundo, y han mantenido la estrella de la esperanza entre lxs oprimidxs del mundo.

¿Cómo se puede enfrentar el derrotismo del pensamiento de izquierda y esa tristeza agresiva en su discurso?

La izquierda es el espacio político más digno que nos presenta el modelo occidental de pensamiento para los hijos sanos de la colonización. Sin embargo, hay que tener cuidado, porque no deja de ser un espacio colonial/colonizado/colonizador.

La izquierda formal son los partidos, y a ellos asocio ese discurso derrotista y esa tristeza agresiva. Negocian dentro de las reglas de los ricos, así que demás que están derrotados. Incluso si ganan, sería solo una elección. Allende ya nos evidenció los límites de ese juego.

Y la izquierda más a la izquierda somos el pueblo organizado fuera de la vanguardia partidista, pero que aún no tenemos una respuesta histórica frente al estado como poder.

Mientras sigamos defendiendo el agua porque es un recurso, y no porque es un Ngen que debemos respetar y resguardar, seguiremos  dentro de los márgenes de la conversación colonial.

¿Cómo se debería abordar el activismo político, las protestas y las huelgas para no repetir la historia que se ha escrito con sangre y traición?

Creo que es importante reflexionar sobre las formas del activismo político y las formas de movilización. Cuando estudias las formas de organización popular de los momentos más álgidos del siglo XX por ejemplo, es posible comprender que para operar tuvieron que recurrir a distintos métodos de seguridad y comunicación (compartimentación, clandestinidad y otros) y generar espacios de formación y aprendizaje. Resguardar tus vínculos políticos era fundamental.

Hoy en cambio, vivimos en una cultura que nos impone la necesidad de contarle todo al mundo a través de redes sociales, y si es posible con ubicación GPS y en tiempo real. Esta sociedad neoliberal ha inflado el valor de la imagen que se proyecta, y pareciera que no existes si no publicas tu vida. No sé si sea preciso volver a la militancia de los 70 u 80, pues esas generaciones también tuvieron sus reflexiones críticas, pero sí creo que es necesario no regalarse tanto compartiendo información relevante por redes. Un lamentable ejemplo son lxs presxs de la revuelta apresados gracias a los registros subidos a redes sociales. El ojo del poder esta también en nuestros celulares.

¿Qué características definirían el despertar del levantamiento social de octubre pasado y qué experiencias pasadas, tanto chilenas como de otros lugares, rescatarías para que esa energía no se agote?

Como pensador de la Historia, trato de no encandilarme mucho con las coyunturas políticas. Y creo que definir características de algo que aún está mutando es complicado. Hace unos años Mario Garcés escribía que la relación del pueblo con el poder estaba cambiando, a propósito de las jornadas de protesta 83-86, ya que no se iba a protestar a la moneda como símbolo del poder centralizado, sino que se protestaba en las poblaciones como espacios de poder del pueblo, y de control territorial.

Pienso que es necesario volver a fortalecer las organizaciones territoriales, el control territorial popular, las economías populares, el poder popular fuera de las instituciones.

En este mundo globalizado multipolar actual, aquejado por una pandemia, ¿qué objetivos deberían desarrollar las asambleas territoriales?

Los que cada asamblea considere importantes. Creo que los pueblos deben ejercer control sobre sus cuerpos, sus territorios, sus vidas. Y creo sobre todo que esas decisiones no pueden ser cooptadas por ningún partido o institución.

¿Qué batería de ideas de Mariátegui y Recabarren están vigentes?

Muchísimas, sino es que todas. Recabarren comprendió la importancia de confrontar la explotación de la clase obrera con un pueblo digno, generando espacios de autoeducación popular. También me resuena mucho la lectura crítica que hace del alcoholismo como elemento de dominación de clase, cosa muy poco cuestionada hoy. Y de Mariátegui es muy importante la lectura que hace de un análisis marxista contextualizado a la realidad amerindia, revalorizando lo indígena como elemento central de esta síntesis socialista americanista.

¿Qué herramientas político ideológicas recomendarías conocer y desarrollar para nutrir el pensamiento y experiencias de los jóvenes de las poblaciones?

Lo primero es conocer las historias no contadas por el sistema educativo: la de los antiguos pueblos colonizados que aún resisten, la de los pueblos que fueron esclavizados y aún resisten, las de las mujeres sometidas e invisibilisadas pero que aún resisten, las de los pobres organizados que dan la pelea y aún resisten. No se trata tanto de una formación teórica de cuadros políticos, sino de entendernos como parte de algo más grande: la historia por la liberación de los pueblos. Y para eso hay un millón de formas, y podemos inventar un par más.

¿Qué aprendizajes has recibido junto a las mujeres, tanto de tu familia como amigas, a la luz de la crítica al poder masculino y las relaciones cotidianas?

Que tengo que cuestionarme constantemente mis privilegios, y que todo lo personal es político. Desde ahí, todo esfuerzo cotidiano tiene que ser discutido y compartido con mi compañera, mi familia y mis compas.

¿Cómo es el trabajo colectivo que se desarrolla en la danza folclórica y la fuerza necesaria para levantar murgas?

En general el trabajo colectivo en torno a las culturas populares es bien de hormiga, constante, mucho ensayo, mucha preparación. Sin embargo, existen distintos enfoques o miradas. El colectivo del que participo se dedica a danzas andinas, pero con una mirada crítica de los enfoques “folclóricos”. Por lo general hay más espacios para el desarrollo folclórico, pues es la mirada de la cultura que se impuso con la creación de los estados nacionales, y que le acomoda al relato histórico de las clases dominantes.

Pero desarrollar espacios culturales contra hegemónicos es un poco más complicado. Afortunadamente en la Legua tenemos La Casa de la Cultura de la Legua que es un espacio autónomo de toda institucionalidad, que comenzó como resistencia cultural poblacional a la dictadura hace 35 años. Nosotros como Tinkus Legua llevamos 13 años danzando y ha sido muy importante tener un lugar físico donde juntarnos y ensayar, pero además ha sido muy a pulso, a mano y sin permiso. De tripas hacemos corazones, y de nuestras penas y rabias hacemos un carnaval con características de protesta y denuncia.

En relación a los diferentes colectivos en que has participado, ¿a qué problemas de ego y dogmatismos te has enfrentado y cómo abordarlos?

Seguramente en cada espacio de organización política van surgiendo ciertos problemas de egos cuando se personalizan mucho las cosas, cuando hay mucha dependencia de ciertas personas y otras cosas. Y ciertamente nos hemos encontrado discutiendo ciertos dogmatismos ideológicos con compas y hemos llegado a separar caminos. No sé si me encuentro en posición de dar consejos al respecto, pero sí me han hecho mucho sentido algunos conceptos desarrollados por el zapatismo en torno a la rotación de cargos y el principio del “mandar obedeciendo”.

¿Por qué habría una estigmatización de las poblaciones, de las cuales hay muchísimas en Chile, y específicamente La Legua?

Porque es muy útil a los poderosos.

Los pobres bien portados postulan a viviendas sociales y hacen la fila calladitos. Los pobres revoltosos, sin dios ni ley, se toman los terrenos y exigen. Las poblaciones más estigmatizadas son las que vienen de tomas, de organizaciones populares, y que han sobrevivido históricamente en los márgenes de la cuidad y de las leyes.

Por eso cuando el todopoderoso patrón estado quiere ordenar el fundo, le da los derechos en forma de “beneficios sociales” a los pobres bien portados. Y a los mal portados, los marca y los castiga públicamente para escarmentar al resto. 

El gran pecado de La Legua, La Victoria, Lo Hermida y otras poblaciones estigmatizadas desde el poder, es haber sido y seguir siendo los pobres revoltosos, organizados, sin respeto por el patrón del fundo llamado Chile.

¿Qué papel cumplen los medios populares en la difusión de contenido sobre la situación del pueblo mapuche?

Un papel fundamental, pues los medios populares son la caja de resonancia de los pueblos en movimiento, y nos mantienen mutuamente informados. No nos debe extrañar la cantidad de recursos que gastan los ricos en medios masivos de (des)información, ni lo serviles de los periodistas que los componen, ni lo coordinado de sus líneas editoriales a favor de sus dueños.

No es casual que recién cerca de los 100 días de huelga de hambre de los PPM saliera la información en los medios del duopolio, mientras que los medios populares nos informaban día a día del estado de salud de los peñi, del contenido de las demandas, de la voz de sus Lof, de la aplicación de la ley de seguridad interior del estado con criterios racistas. Un saludo y mucho aguante para los medios populares como éste.