Artículo de opinión: Lo que se requiere hoy de la juventud combatiente

“Junto con eso, un gran sentido del deber hacia la sociedad que estamos construyendo, con nuestros semejantes, como seres humanos y con todos los hombres del mundo”

Ernesto Guevara.

Por Negro Cuma

05/08/2020

Hoy parece ser un día como cualquier otro. No estamos conmemorando un 29 de Marzo o un 18 de Octubre. Es un día en el que, supuestamente, debemos seguir la rutina del trabajo, del quehacer cotidiano o del estudio. Inclusive, hasta continuar con la rutina de la organización, con sus tareas, sus reuniones, etc. Pero finalmente, cuando llegan las fechas mencionadas, nos preparamos con voluntad y entusiasmo, como si fuésemos a presenciar un acto de recompensa que genera en nosotros una especia de calma y conformidad. Esto aplica para cualquier acción de manifestación, porque en efecto, en gran parte de los casos sucede que luego de participar en una de ellas, viene un aire de pasiva tranquilidad por haber cumplido con el deber y, después, a la rutina nuevamente. Lo anterior para mí, constituye una debilidad no menor del pueblo organizado, especialmente, para la juventud combatiente. Más aún, para el contexto que nos encontramos, en donde se hace de vital importancia trabajar arduamente en la construcción de una nueva sociedad, de hacer efectivas las tareas que se necesiten en la organización del territorio. Cada día es crucial para las/os jóvenes combatientes, de hecho, por eso mismo se lleva aquel nombre, por lo que debemos hacerle a honor a tal cualidad. En este sentido, pienso que son necesarios ciertos requerimientos para los/as jóvenes combatientes de hoy y mañana, los que son esenciales para cualquier momento histórico.

En el párrafo anterior, hice descripción de algunas dificultades presentes. Por donde se le vea, la pasividad y el conformismo son un peligro a nivel moral, teórico y práctico. En la dimensión moral, produce que los/as compañeras no sean conscientes de que sus acciones involucra a la organización entera. Organización que nace justamente a raíz de un proyecto político que, para nuestro caso, sería construir una nueva sociedad. Por tanto, si alguien falla en una tarea determinada en el territorio, todos habrán fallado, porque se involucran en un mismo horizonte. Y hay veces en que las faltas cuestan caro, tanto para la integridad física como en desperdiciar una oportunidad clave. La/os jóvenes combatientes, en el día a día, deben comprender lo valiosa que es la libertad de elegir, en efecto, nosotros/as mismas hemos tomado la decisión de organizarnos y luchar contra la dominación del sistema capitalista, colonialista y patriarcal. Por tanto, debemos hacer valer aquel uso de nuestra libertad, y hacerlo hasta que nuestros compañeros/as del pueblo organizado, sean capaces de confiar en la juventud combatiente, puesto que en ellos/as ven reflejadas sus aspiraciones de transformar la sociedad, por tanto, no es más que su propio espejo. Con todo esto, me gustaría dejar unas pequeñas pistas para formarse en la moral, que por lo menos en mi corta experiencia, me ha sido de gran utilidad, a pesar que en el intento he fallado. Por ejemplo, trazarse objetivos cada día, tales como, estudiar, reflexionar sobre la contingencia, ser honestos y amorosos con el prójimo. Estas dos últimas cualidades, por lo menos para mi experiencia, han sido las más complejas en desarrollar, pero a la vez, son los valores que permiten la continuidad de la lucha. 

Parece una contradicción, o por lo menos para mí si lo es; estar dispuestos/as a construir un mundo mejor, en donde el centro de aquel sea la vida misma, pero al mismo tiempo, correr el riesgo de perder la vida. Y no me refiero en cuanto a la muerte física, sino en otros aspectos que son igual de importantes. Por ejemplo, de negar gran parte de nuestros deseos personales y, por qué no, quizás todos. De dedicar tiempo a las acciones, a las reuniones, a las discusiones, de no descansar algunas veces, etc. Esto me recuerda las palabras de alguien, y disculpen si les molesta que lo cite, pero Cristo dijo una vez a sus discípulos que: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aún también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26). Con todo esto, lo único que pide Cristo para cargar con la misma responsabilidad de él, es negar la propia vida, no por falta de amor, sino por un requerimiento fundamental. Esto, para los primero cristianos, era cargar la cruz. En el caso de nosotras/os, como jóvenes combatientes, nuestra cruz es pesada, porque cargamos con los deseos de los/as oprimidas de querer transformar la sociedad de la explotación capitalista. Además, no solo son los deseos de nuestro territorio, sino también de otras partes del mundo que, a pesar de estar lejanas, compartimos un mismo proyecto de transformación política. 

Con respecto a esto último, creo que también pongo en tela de juicio si contamos con un programa como pueblo organizado, o más aún, si está realmente fundamentado. Es cierto, hay sectores de la clase trabajadora que aspiran, justamente, a construir un nuevo mundo en donde el fundamente sea la vida misma. Sin embargo, todavía no hemos sido capaces de profundizar y justificar aquello, o por lo menos, a mi parecer no se ha expresado todavía.  Esto también es peligroso, ya que ante cualquier ataque del enemigo desde el punto de vista teórico, nos hará caer en la derrota más importante; destruir el hilo conductor de nuestro quehacer. Por ende, ahí queda otra tarea para la juventud combatiente; estudiar, reflexionar y compartir aquellas conclusiones que permitan enriquecer un programa para la clase trabajadora. Si se tiene que volver a discutir un elemento, se vuelve. Si algo no quedo claro, se da la claridad. Las veces que sean necesarias volver un programa, debemos asumir dicha responsabilidad.

Finalmente, creo que lo más probable es que fracasemos en más de una ocasión, quizás en la mayoría para no decir todas. Pero también pienso, y esto lo he aprendido gracias a compañeros/as que estuvieron conmigo, que los fracasos significan grandes avances para la humanidad, para su conciencia. El fracaso nos concede la posibilidad de avanzar, quizás no a la victoria, pero si a otro gran fracaso, como si fuese un proceso de pura dialéctica. Ante esto, lo que se requiere para la juventud combatiente, es que se aprenda a fracasar o, en mi caso, todavía me queda mucho por avanzar sobre esa cualidad. Muchas veces, el optimismo genera falsas esperanza en el análisis y en la práctica, empujando a las tristes derrotas frente a nuestros enemigos de clase. Y a fin de cuentas, los que pagan caro el error, será el propio pueblo organizado, nuestros/as hermanas que luchan desde cualquier parte del mundo. Debemos, por tanto, volver al silencio y reflexionar sobre las posibilidades reales, las que nos conducirán al fracaso y a la victoria, pero teniendo siempre presente que en la praxis podemos experimentar la derrota. Y quizás seamos derrotados en esta lucha, es bastante posible, es parte del riesgo. Por lo tanto, quedan las interrogantes: ¿Estamos dispuestos, como jóvenes combatientes, a correr con dicho peligro? ¿Qué tan lejos queremos llegar? ¿Qué es lo que queremos realmente?

Todos los días, el sol sale y vuelve para las/os jóvenes combatientes.