Artículo de opinión: El arte de la guerra o el polvorín de la crisis en Chile

03/08/2020

Por Bautista

Una de las claves en que se piensa la política en un nivel transversal, es que esta supone la guerra o la confrontación por otros medios. La última semana refleja aquel paradigma, una situación política nacional que camina a paso firme hacia una condensación de sus posiciones más tenues en un estado de plena conciencia.

La semana anterior comenzaba con el anuncio más esperado de parte del gobierno de Sebastián Piñera; no se trataba de cambios en confinamiento ni en materias de apoyo económico, sino, un cambio en su gabinete ministerial que pondría un cambio a la disonante brújula de acción que ha tenido el gobierno desde noviembre hasta aquí.

El carácter de este nuevo equipo de gobernabilidad tiene una dirección clara, la restauración del programa de intransigencia y negociación que la coalición gobernante había tenido desde que Piñera asumió en su cargo hasta noviembre del año pasado. ¿Por qué noviembre? Noviembre devela el punto de mayor inflexión de la crisis en Chile desatada desde la primera quincena de octubre. Ese punto de apertura a la movilización en las calles y de una nula dirección política que empujó al segundo piso del Palacio de la Moneda a cambiar de rumbo y optar por el camino del diálogo con otros sectores e incluso aceptando la posibilidad de un cambio constitucional.

Pero aquel carácter que ponía descolocados a los más a la derecha en los partidos de gobierno tocó fondo y su coalición ya definió su destino. Tras la abrumadora derrota legislativa en el proyecto del retiro del 10%, los partidos gobernantes tenían dos caminos: ceder en una serie de materias ante la amplia presión que desde la calle se tejía o cerrar filas y poner de vuelta a la contingencia la actitud más conservadora posible. La decisión fue clara e incluso los más liberales como el ya ex – Ministro del Interior Gonzalo Blumel dejaba en claro; no ceder ante lo que ellos definen como “la violencia y la presión de unos pocos”.

En este punto cabe decir que el cambio de posición de gobierno es una dirección consciente, clara de sus consecuencias e implicancias para el futuro de la sociedad chilena, puesto que supone una agudización de la polarización social alimentada por una crisis política y económica, que por lo demás está fundamentada en las inyecciones millonarias en militarización de los organismos de seguridad, iniciativas legislativas en respaldar el actuar militar urbano y por último, la alimentación de grupos civiles y paramilitares en la Araucanía para enfrentar el fantasma de la derecha y la dictadura de Pinochet del “enemigo interno”.

Anular a Desbordes sacándolo del parlamento y poner a elementos como Allamand y Pérez, este último en el Ministerio del Interior pone de manifiesto la intención de Sebastián Piñera: de espaldas al pueblo de cara a los empresarios, sean estos las grandes empresas, las forestales, las AFP entre otros. Hoy, quiénes toman las riendas del país poseen una agenda de ofensiva frente a las posibilidades de reformas o transformaciones de leve profundidad y con una convicción de tomar partido por unos pocos.

He de aquí el por qué hablar de una suerte del “Arte de la guerra” recordando alguno de sus párrafos, hablando con respecto a las intencionalidades frente al enemigo, Sebastián Piñera declaró una guerra que ya estaba abierta y que con el paso del tiempo se ha ido ensanchando, aquel suceso continúa abierto y en un momento crítico, donde cada vez es posible observar la posibilidad de incendiar el polvorín de la crisis que vivimos, sea en la Araucanía con los grupos fascistas, sea en Santiago con las comunas donde cada vez más abunda el hambre o en cualquier punto de Chile dónde la injusticia y la violencia del Estado abunda cada vez más.

Por último, cabe preguntar, el gobierno de los poderosos ya definió un camino claro, discursivo y práctico que tendrá agudas consecuencias para la clase trabajadora y los más pobres. ¿Cuál será el camino que definan las organizaciones políticas y sociales? Como a partir del extenso clima de movilización y descontento es posible dar una salida concreta y seria al actual momento de debacle en la falta de representación y la profunda desconfianza en el gobierno y el parlamento.